CAPITULO XX

971 Palabras

-aquí esta señor- deposite a la chica inconsciente en el sillón de cuero. Las paredes del castillo me devolvieron la mirada, antes de un brillante blanco, ahora cubiertas por la sangre de la pequeña sirvienta que yacía tirada en el suelo. Sentí una punzada de asco al mirar su rostro pálido y sin vida. Soltó un alarido de placer, sus colmillos brillando contra sus labios agrietados. La alimentación entre vampiros era tabú. El señor había roto todas las reglas establecidas por el consejo. La única razón por la cual dejaban que mi señor siguiera con vida, era por la compulsión que sentían a su poder y su sangre. La familia más poderosa manchada por una maldición que lo único que hizo fue alimentar su poder. -así que esa, ¿fue la que nos robó a Luc? - una carcajada estruendosa se oyó en

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