Nápoles. 2

4727 Palabras
Ivana tomo la decisión de ir a casa de sus padres y llevarles lo que Enzo envió para ellos, con cada viaje que hacia el hombre les preparaba una canasta con cosas especiales que les gustaban mucho a ellos, para Mónica en esta ocasión era una tabla de quesos y un par de finos vinos, para Nicolai era una canasta con licores y algunas bolsas de los mejores cafés. No sabía si les daba canastas a los otros dos y tampoco es que hubiera pensando en preguntarles porque si no era así solo metería la pata, se dio un baño rápido y se puso ropa deportiva para salir de casa con las cosas; sus padres vivían a media hora de donde Ivana vivía y al no tener auto se limitó a pedir un taxi para que la llevara a la casa donde vivió hasta los veinte años. – ¡Ivana! – grito Mónica al verla parada en la puerta de su casa. – Hola mamá... – casi se le caen las canastas cuando ella se le echo encima – ¿Dónde está papá? – pregunto entrando. – En la cocina mi niña. – dijo el hombre en voz alta desde el lugar. – Hola ¿Cómo estás? – le dio un beso en la mejilla – Enzo les manada unos cuantos regalos como siempre que vuelvo de cada viaje. – puso las cestas sobre la mesa. – Deberías invitarlo a cenar un día de estos, siempre nos envía regalos muy finos y me gustaría conocerlo un poco mejor. – comento Mónica viendo una de las cestas – No creo que eso suceda mamá. – Ivana sonrió mientras llenaba un vaso con soda. – ¿Por qué no? el otro día lo vi en una revista de ricos y es bastante guapo, un señor refinado. – Nicolai e Ivana vieron a la mujer. – Es tres años menor que papá. – bebió el líquido un poco incomoda. – Creo que Ivana está bien como esta en estos momentos, podría invitarlo a cenar, pero no con las intenciones que tú tienes querida. – dijo Nicolai antes de retomar la cocina. – Preferiría llevarlos a un restaurante a cenar si quieren conocerlo un poco más o darle las gracias por todo, pero traerlo a casa sería un acto demasiado íntimo y no estaría bien en la relación jefe-directora que tenemos. – corrió la silla para sentarse. – ¿No te aburres de estar sola? – Mónica hizo mismo. – La verdad me siento muy bien estando sola, he llegado a conocer muchos aspectos de mi vida que seguramente con pareja no hubiera conocido. – apoyo la barbilla en la palma de su mano. – Eso me suena a libro barato de auto ayuda. – Nicolai la volteo a ver. – Se supone que tu deberías apoyarme y no delatarme ¿Quieres que traiga un hombre a casa? – lo vio con el ceño fruncido. – No, podrías traer a una chica a casa. – sus padres sabían sus gustos y los aceptaban, su padre más que su madre. – ¡Yo quiero nietos! – exclamo Mónica – Cielo, no es presión, pero no me gusta que estés sola y creo que deberías pensar en buscar una pareja, si has conocido muchos aspectos de tu vida estando sola yo creo que con pareja conocerías otros. – se ponía un poco incomoda cada vez que hablaban de chicas. – Si yo sé, pero creo que Enzo no es una opción a donde ver porque podrían hablar muy mal de ambos y me costó mucho ganarme el puesto que tengo, si comenzamos a salir pueden hablar que recibí un trato especial... – se rasco una ceja sonriendo – Mamá ¿Has sabido algo de Nanava? – pregunto pensando en la petición de su jefe. – Si, de hecho, me llamo ayer para que saliéramos el sábado a tomar un café. – respondió Mónica con una gran sonrisa. – ¿Hace cuánto están en contacto? – pregunto viendo a su madre. – Dos meses, aunque los chicos tienen ya tres años de estar viajando de Estados Unidos a Italia por cosas de negocios. – comento viéndola. – ¿Por qué no me habías dicho nada? hace mucho que no los veo. – no supo porque su madre no le había contado eso antes. – Te la pasas trabajando mucho y casi no tienes tiempo ni de venir a casa... Ivana deberías buscar un trabajo diferente, no todo en esta vida es trabajo y dinero, hay cosas más importantes. – Mónica llevaba un tiempo reprochando lo mismo. – Cariño déjala, la has estado atosigando con lo mismo desde hace muchos meses, si Ivana no quiere una pareja en estos momentos es su decisión, no puedes obligarla. – Nicolai defendió a su hija. – Ivana acaba de cumplir veinticinco años y sigue soltera, casi todas mis amigas tienen nietos ya y sus amigas de la universidad ya son madres también. – Mónica era muy dulce, pero casi siempre la comparaba con las hijas de sus amigas y no lo hacía a mal. – Pero las hijas de tus amigas no tienen una carrera universitaria y tampoco un trabajo tan bien remunerado, son madres, pero dependen de sus maridos y unas no saben ni de quienes son sus hijos, a mis amigas de la universidad no les sirvió de nada todo el tiempo invertido porque también se quedaron a ser mantenidas. – Ivana se levantó de la mesa y salió al patio. La molestaba mucho que su madre hiciera esas cosas, se esforzaba mucho y todo se los daba a ellos, aunque no les reclamaría jamás nada de lo que les ha dado, prefirió salir de la casa porque no quería discutir con su madre sobre algo tan tonto como eso y le hubiese gustado que las cosas no fueran por ese lado ya que quería celebrar un poco su nuevo trabajo. De pie en la terraza escucho unos pasos tras ella y entonces volteo viendo a su madre caminar hacia ella con un semblante apenado, seguramente Nicolai le había reclamado por sus palabras y la mando a disculparse por lo imprudente que fue. – ¿Soy una mala madre? – pregunto Mónica tomándola de las manos. – No mamá, solo creo que estas un poco loquita por mi soledad. – extendió los brazos para rodear a su madre con ellos. – Me siento mal por eso, siento que soy la responsable de que pases más tiempo en el trabajo que disfrutando de tu juventud, te presione mucho para que siempre fueras la mejor de tu clase y tuvieras un trabajo para mantenerte de forma independiente. – bajo los hombros. – Tenia que mantener la excelencia si quería seguir estudiando, no sería justo para Leonardo que me descuidara y se hubiera enojado mucho si se enteraba que tenía menos de diez en la boleta de calificaciones. – sonrió de lado recordando lo exigente que era el hombre. – Si no te mencione que me había reunido con Nanava fue porque... no sabía cómo explicarte que Leo falleció... – Mónica tuvo que tomarla de los brazos porque a Ivana se le doblaron las piernas – Cielo, siéntate por favor. – la llevo a la silla de mimbre más cercana. – ¿En qué momento paso eso? – estaba en shock por la noticia. – Ocurrió en un accidente automovilístico dos años después de que se mudaran a Estados Unidos. – ella se quedó en cuclillas apretando las manos de su hija tratando de reconfortarla. – ¿Por qué esperaste tanto para decirme? – Ivana comenzó a llorar resintiendo mucho esa noticia. – Perdóname, no sabía cómo decírtelo, sabía que no te lo ibas a tomar bien. – Mónica la abrazo e Ivana se quebró completamente. Por ese motivo no le gustaba hacerse ilusiones con las personas porque dolía horrores cuando esas ilusiones se rompían, esperaba volver a ver a Leo tanto como a su esposa Nanava y a sus dos hijos, pero ahora iba a tener que conformarse con ver a la familia a medias porque uno de sus miembros ya no estaba y mientras lloraba sin consuelo sobre el hombro de su madre comenzó a pensar en lo corta que podía llegar a ser la vida, la muerte de un ser amado pude llegar a cambiar las perspectivas de los que quedan con vida. Su madre decidió darle unos minutos a solas para que se pudiera recuperar y porque Nicolai también necesitaba una mano en la cocina, Ivana se quedó sentada en la silla abrazando sus piernas mientras su vista se quedaba fija en la maceta de jazmines que su madre tenía al lado de la puerta, estaba consciente de que debía enmendar su vida de alguna forma porque no era feliz a pesar de decir una y otra vez que sí lo era. Por supuesto que Ivana desearía formar una nueva vida al lado de una persona que la amara de verdad y le diera el apoyo que en ocasiones necesitaba con mucha desesperación, pero habían tantas cosas que la asustaban sobre eso que prefería tratar de engañarse asimisma diciendo que era la mujer más feliz del mundo, resintió tanto la noticia de la muerte que ni los perros lograron conseguir sacarle una sonrisa cuando llegaron a olerla buscando mimitos. – Ivana... – su padre la llamo – La cena ya está lista, entra para comer. – le sonrió con dulzura. – Perdí el apetito papá. – no se levantó. – Vamos no digas tontearías, levántate y vamos a comer... – se acercó y la tomo de los brazos para levantarla – Tu madre siempre me pide hacer un plato extra por si vienes de visita, nunca avisas... – limpio las lágrimas con cuidado – Sé que amabas mucho a Leo y sé que te duele su muerte, pero son cosas de las que no puedes culparte porque simplemente pasan y sabes que siempre se enojaba mucho contigo cuando no querías comer. – Nicolai nunca se llevó tan bien con el hombre, pero sabía el profundo amor que su hija le tenía y lo respetaba mucho, sin mencionar que gracias a él su único retoño era la mujer que era en esos momentos. – Siempre tuviste celos de que se quedara con todo mi amor. – Ivana sonrió y lo abrazo – Pero como podría dejar de amar a mi mayor superhéroe, el hombre que amare eternamente y el que nunca me traicionaría. – lo sintió apretar el abrazo. – Eras mi niñita y no me gustaba que pasaras tanto tiempo con él, menos que lo llamaras papá, pero al final siempre venias primero a mi cuando tenías un problema. – Nicolai le dio un beso en la cabeza. – Eres mi padre ¿A quién más acudiría primero? – recostó su cabeza sobre el hombro ajeno. – La vida a veces nos parece injusta llevándose a las personas que queremos antes de tiempo, pero si los amamos lo suficiente siempre estarán guardados en nuestros corazones. – dejo a su hija entre sus brazos para que se reconfortara el tiempo que fuera necesario. – ¿Cómo te recuperas de algo así? pase diez años manteniendo la esperanza de que un día volvería a ver a la familia Giuseppe, a toda la familia. – se le quebró la voz volviendo a llorar. – Eso solo pasa con el tiempo y sé que esto es una noticia muy fuerte para ti... – la alejo un poco para verla a los ojos – Volverás a ver a la familia y una vez que hables con ellos vas a comprender y a asimilar mejor su falta. – le limpio las lágrimas de nuevo. – Te amo papá. – se volvieron a abrazar. Se quedaron un largo rato abrazados hasta que Ivana sintió el valor de entrar y se sentó a la mesa con sus padres para tomar la cena como hace mucho tiempo no lo hacía, en familia, Mónica trato de estar haciendo bromas o chistes de cualquier cosa buscando enmendar las palabras de antes y tratando de hacerla sentir bien después de la fea noticia que había escuchado. No podía decir que las locuras de su madre no la divirtieron por unos cuantos minutos, pero al final era algo pasajero, no podía quedarse a dormir en casa porque al día siguiente tenia trabajo así que cuando fue momento de irse Nicolai saco el auto para ir a dejarla a su apartamento ya que era bastante noche para que se fuera por su cuenta. – Dile a Enzo que muchas gracias por los regalos. – dijo Mónica despidiéndose de ella. – Claro mamá, pronto los llevare a una cena para que lo conozcan personalmente de una buena vez. – sonrió viendo la mueca que hizo su padre. – Vamos, ya son casi las once y se supone que mañana tienes trabajo. – abrió la puerta del copiloto. – Cuídate mucho. – le dio un beso en la mejilla a su madre antes de subir al auto. Mientras su padre iba conduciendo Ivana iba en completo silencio observando por la ventanilla con la mente perdida en tantos pensamientos que no sabía muy bien como ordenarlos, Nicolai se había percatado de eso, pero no estaba muy seguro si debía ser directo en preguntarle o ir guiando la conversación hasta saber que era lo que tanto atormentaba a su hija, porque de algo estaba seguro, su preocupación no era solo por la muerte de Leo. – ¿En qué piensas tanto? – prefirió ser directo. – Tengo problemas papá. – dijo Ivana sin mover la cabeza. – Te escucho. – Nicolai se detuvo en un alto. – Lo que paso esta noche me puso a pensar y me di cuenta de que mamá tiene razón, estoy trabajando mucho y siento que todo lo que pasa a mi alrededor me está consumiendo poco a poco. – fue honesta ya que necesitaba un consejo sabio. – Porque no pides vacaciones, supongo que tu jefe no es un tirano y que podría dártelas sin que se las pidas mucho. – puso el auto en marcha de nuevo. – Cada vez me es más difícil decir que me gusta mi soledad, la disfruto, pero no quiero seguir solo teniendo noches casuales con personas, seria lindo tomarse de la mano con alguien y caminar por la playa hablando de cosas. – bajo la ventanilla para que la brisa le secara las lágrimas que se querían salir de sus ojos. – Alguien como tú no debería tener problemas conociendo a personas, eres muy simpática y hermosa, además que no tienes problemas para seguir las pláticas con desconocidos, aunque es extraño porque también eres un poco arisca con los desconocidos. – Nicolai la comprendía mucho porque el paso lo mismo antes de conocer a Mónica. – Soy muy mala tratando de escoger parejas, los tipos se asustan cuando saben a lo que me dedico, más cuando se entera lo que gano y las mujeres, por muy mal que suene, solo se fijan en que podrían tener un cajero automático. – apoyo el brazo en la puerta del auto y paso los dedos por sus labios. – Dios, ni jugando para los dos lados te va bien... – ese comentario la hizo reír – ¿Has pensado en simplemente esperar? quizás deberías dejar de buscar un tiempo y sé que te mueves en una clase social de hombres ricos, pero con lo que me dices estas buscando unos cuantos niveles por debajo de ti. – Nicolai consiguió que ella lo viera. – No comprendo. – alzo una ceja mientras pensaba. – Un hombre a tu nivel no tendría por qué sentirse intimidado con tu trabajo, tampoco con lo que ganas, un hombre por encima de tu nivel vería a una excelente compañera que lo ayudaría a crecer en su trabajo y como persona, no vería a un ser que es superior y que amenaza su masculinidad frágil... la misma ecuación para las mujeres, deberías esperar a que alguien igual o superior te busque a ti y no intentar apresurar las cosas. – se encogió de hombros. – Pero no todos se fijan en lo económico, he conocido a personas muy lindas, pero que no están en condiciones de mantener una relación fija. – no quería arruinar su idea de que existían personas buenas y no interesadas. – ¿Cuánto tiempo llevas intentándolo? – se estaciono frente al edificio de Ivana. – Casi ocho años... – bajo la cabeza – Estoy enamorada de la idea del amor y quisiera vivir un romance de ensueño, uno que me enseñe más de mi misma y que termine en el felices para siempre. – respiro profundo. – ¿Qué más te molesta? porque no tienes ese semblante solo porque estas aburrida de estar sola, hay algo más que te tiene inquieta. – le tomo la barbilla e hizo que lo viera. – Me voy a ir por un mes a Sicilia... – dijo haciendo una mueca – No quise decirle nada a mamá porque se iba a molestar, pero son dos semanas de trabajo y dos semanas de vacaciones. – se encogió en el asiento. – ¿Por qué te preocupa? – Nicolai por momentos no la entendía. – No me preocupa... – respiro profundo – Nos vemos papá, ten mucho cuidado y me mandas un mensaje cuando llegues a casa, ya es bastante tarde. – Ivana le dio un beso en la mejilla y bajo del auto con rapidez. Nada de lo que dijo la preocupaba tanto como la investigación que estaban haciendo en contra de su jefe y en que si ellos cumplían su palabra la iban a involucrar en todo, aunque fuera inocente, debía encontrar una forma de protegerse y de proteger a sus padres porque no se perdonaría que ellos también entraran en ese lio. Llego a su apartamento y fue directo a la habitación para ponerse un camisón aunque no pensaba dormirse todavía, se quedó en el balcón contemplando como la ciudad ya se había sumergido en la quietud de la noche y mientras le daba vueltas al mismo asunto en su cabeza escucho el tintineo de una notificación de mensaje en su celular, lo tenía en la mano y al revisar vio que era su padre diciéndole que acababa de llegar a casa, siempre era tan dulce con ella y le dedicaba un cuento corto por nota de voz que le deseaba las buenas noches. Antes de volver a apagar la pantalla vio una llamada entrante y era del celular privado de Mario, no se llevaba muy bien con el hombre por el pasado que ambos tenían y es que cuando comenzó a trabajar él intento seducirla, estuvo a punto de aceptar ser su novia hasta que descubrió que él también salía con la mujer que ahora era su esposa, no se llevaban bien porque el cínico le pidió en más de una ocasión ser la segunda ya que no podía decidir a quién de las dos quería más y que tenía suficiente amor para ambas; el ego y la dignidad de Ivana jamás la dejaría ser la segunda opción de ningún hombre, porque siempre fue la prioridad de cuatro. _______________________________________________________________ – ¿Qué pasa? – respondió con voz seria, lo hizo solo por el morbo de saber que babosada le iba a decir. – No fuiste a la junta con los oficiales. – dijo Mario en voz baja. – Le dije a Dianina que no iba a asistir, no me estés llamando para insistir en algo que yo no quiero hacer, fui bien clara con todos cuando di mi opinión. – gruño mientras ponía los ojos sobre una farola. – Podríamos dividirnos la investigación y sería mucho más fácil, eres quien más cerca está de Enzo y podrías encontrar mucha información sobre su trabajo, además si nos ayudarás yo podría estar tranquilo con mi familia y no verme involucrado en esto. – comento Mario. – Escucha y solo lo voy a decir una vez... – respiro profundo – No me importa unirme a ustedes en una cacería de brujas, yo trabajo dentro de las leyes italianas, pago impuestos y tengo un apartamento comprado con el sueldo de mi esfuerzo, no arriesgaría mi vida perfecta por nadie y menos por un hombre que no sirve ni para cuidar a su familia por si solo. – no gritarle era lo mínimo que podía hacer después de escucharlo. – Si se cuidar a mi familia y por eso te estoy diciendo que deberías ayudarnos, sé que Enzo está enamorado de ti, en la cama todos confiesan sus pecados. – dijo Mario. – Es verdad, después del buen sexo los hombres confiesan sus pecados... pero que sabrías tú de eso si no llegas ni a crio de primaria, basura mediocre... – susurro Ivana con un tono de voz burlón – Te has preguntado porque llevan tantos años investigándolo y nunca pueden demostrarle nada. – ella tenía un buen punto en eso. – Sabes que soy más hombre que cualquiera que hubieras conocido en tus viajes... – logro sacar el lado ardido de Mario – Además, a mí que me importa si realmente es un criminal o no, el dinero que nos van a pagar es suficiente para ponerse creativo e inventar algo. – en definitiva, estaba loco. – Escucha medio hombre, yo jamás metería las manos al fuego por ti o por tu esposa, deja de estarme tocando las pelotas que a ti te faltan y afronta en lo que te has metido, querías jugar al espía, adelante, jódete la vida, pero de algo que estoy segura es que a Enzo jamás van a probarle nada. – tras eso corto la llamada. _________________________________________________________________ Decidió volver adentro porque le comenzaron a doler los huesos gracias al frio que estaba haciendo, hace mucho que no tenía problemas para dormir, sin embargo, sabía que esa noche no iba a poder cerrar los ojos tan fácilmente. No iba a ser el primer momento de su vida donde se sintiera asqueada por lo que pasaba a su alrededor y que pensara en renunciar a todo lo que conocía solo para comenzar desde cero en un lugar nuevo, en otra ciudad o en otro país, no ere exigente con eso, el tenerlo todo no significaba que podría estar feliz por mucho tiempo y menos ahora que conocía la verdadera cara de Enzo, el monstruo oculto bajo la máscara de inocente empresario filántropo, pero una parte de ella quería seguir pensando en que no debía ser tan malo. *************************************************************************************** Las clases de defensa personal habían comenzado cuando Ivana cumplió los siete años y fueron constantes los fines de semana, se dedicaba a entrenar con un par de hombres que eran de mucha confianza para los señores Giuseppe, ya con diez años era la más ágil de los tres y siempre terminaba ganando a los dos hermanos en un combate cuerpo a cuerpo, tenía la fuerza suficiente para tirarlos al piso casi sin muchos problemas. Ese sábado hubo algo diferente en ese entrenamiento y es que uno de los maestros accidentalmente dejo caer un arma al suelo provocando en Ivana un pánico exagerado, se fue corriendo del jardín delantero a ocultarse lejos de todos; cuando Leo llego a casa unos minutos después del incidente sus hijos le contaron lo que paso y todos estaban preocupados porque Ivana no estaba por ningún lado dentro de la casa, tampoco la encontraban afuera, Nanava se había llevado a Mónica a un día de chicas y eso significaba que debían encontrarla rápido antes de que ellas llegaran o se iba a armar un guerra mundial en la casa. Leo dividió a las personas que trabajaban en casa para que revisaran toda la mansión y los jardines, sus hijos ayudaron y él también fue a buscarla, una manzana de terreno era suficiente para que alguien tan pequeña como ella fuera capaz de esconderse en cualquier lugar, mientras iba caminando le dio por voltear a ver hacia arriba de un árbol y escondida entre un cuenco que formaban las ramas estaba Ivana escondida. – Mi niña... – la llamo y ella se movió un poco para verlo, tenía los ojos hinchados por las lágrimas y la nariz roja – Nos asustaste a todos y tengo a mis hombres jugando al escondite contigo. – comento acercándose al árbol. – No quiero volver. – dijo entre suspiros lastimeros. – ¿Me cuentas que paso? – no la iba a forzar a bajar. – Al profesor Nicolls se le cayó un arma. – comenzó a llorar de nuevo y es que el recuerdo le asustaba mucho. – ¿Era la primera vez que veías un arma? – extendió la mano y ella la tomo. – No... hace dos semanas papá y yo íbamos camino a casa, un hombre nos cerró el paso y le apunto a papá con un arma, le grito que lo mataría si no le daba todo el dinero, yo no sabía qué hacer y me puse a llorar porque me dio mucho miedo. – se dio la vuelta y se lanzó del árbol a los brazos de Leo. – Dios, imagino que debiste haberte asustado mucho y por eso corriste cuando la viste... – la abrazo mientras le acariciaba el cabello- Pero estos hombres serían incapaces de hacerte daño y tienen un arma hoy porque querían darles una lección especial. – dejo que Ivana llorara sobre su hombro todo lo que le hiciera falta. – Tenía miedo que le hicieran daño a mi papá, cuando vi el arma vi todo lo que paso ese día y me dio mucho miedo. – abrazo al hombre con todas sus fuerzas. – ¿Me dejas enseñarte algo? – la sintió asentir y la bajo de sus brazos- No quiero que te asustes, pero quiero que veas una cosa... – puso una rodilla en el suelo y saco un arma de tras de su espalda – Es un arma de fuego y debes tener mucho cuidado con ella, pero también debes saber cómo manejarla, aunque tengas diez añitos, próxima a cumplir los once. – le quito el cargador antes de ponerla en las pequeñas manos de Ivana. – Es pesada. – las manos de Ivana temblaban porque le asustaba mucho tenerla entre ellas. – Si lo es, debes tenerle respeto y confianza a la misma vez porque te puede salvar la vida en cualquier momento... – la tomo de nuevo – Esta tiene un seguro que debes quitarle antes de disparar. – cargo el arma y le quito el seguro. – Papá ¿Puedes disparar? – Ivana tuvo curiosidad porque se sintió segura con Leo. – Claro, pero hazlo tú, tómala con ambas manos y disparamos los dos. – la dejo entre sus brazos y que ella tomara el arma también. Fue un estruendo que la dejo escuchando un silbido en sus oídos, el rebote del arma la hizo retroceder aun cuando quien la estaba deteniendo era Leo, sus manos quedaron con un hormigueo extraño e Ivana supo que debía ser cuidadosa con algo como eso, que no debía tomarla si no estaba con un adulto. – ¿Es malo tenerles tanto miedo? – pregunto viendo a muchos hombres llegar a donde estaban ellos. – No, pero es mejor mantener la calma cuando alguien te apunta con una, Nicolls te puede enseñar a usarlas, solo para tu protección... – sonrió y le guiño un ojo – Ivana, lo del arma que quede entre nosotros, si Nanava se entera me va a colgar de un árbol. – le acaricio la cabeza y la escucho reír. – Guardare el secreto si me das un chocolate. – puso los brazos tras la espalda y se movió de un lado a otro con inocencia. – Te daré tres chocolates, pero no le digas a tus hermanos. – susurro antes de cargarla de nuevo. Ivana retomo el entrenamiento junto a los hermanos que estaban más emocionados con la idea de empuñar un arma, ella lo hizo sintiéndose segura solo porque Leo los estaba acompañando o de lo contrario se habría negado a tomarla de nuevo, el señor Nicolls era un gran maestro y les enseño que hacer en caso de verse apuntados con una.
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