Amelia pronunció una retahíla de juramentos en su cabeza. Porque justamente con ese sujeto, tan atractivo que era. Tuvo que venir a joder su laptop. La culpa la estaba avergonzado y sonrojando. —Lo lamento tanto, yo… ¡Cielos! Puedo reponértela. Podemos ir a comprar una y… Pero la rubia ve surcar una sonrisa en los labios Gastón que la hizo dudar en seguir hablando. —Solo es una broma rubita. Mi laptop está muy bien, de hecho, la acabo de usar. Se ríe con gracia y a la vez de forma sensual. —¿Me engañaste? Pregunto incrédula. —¡Dios! Casi me matas del susto. Golpea su hombro. —Lo lamento. Pero hubieras visto tu expresión. —La peor de todas seguramente. —¡Al contrario! Responde serio. Ambos se quedaron en silencio por un momento, Amelia no estaba muy clara que era lo que estaba p

