Midas estaba tan enojado con su esposa Eva por todo lo que le decía amparada en su abogado que ocultando su furia le contestó: ¡Tú nunca fuiste mujer para mí Eva! -- Necesité buscar en otras camas y en otros cuerpos lo que tú no me podías dar -- ¡placer! -- Eres como dormir con un témpano de hielo -- Me serviste para darme hijos o debería decir que yo te serví para dártelos -- Pero como mujer Eva, eras un fiasco -- Midas la destruía con esas palabras y él lo sabía -- Sabes que varias noches después de estar contigo me levanté de tu cama y tome a tu sobrina -- Ella gemia mejor que tú y tu hijo Carlo y Jonathan también aprendieron a ser hombres con Tatiana -- ¡Eres un cerdo! -- Gritó Eva -- ¡No! -- Tatiana nunca fue obligada a hacerlo -- Tú siempre te enfermabas y ella suplia

