Eran amantes eternos, buscarse y encontrarse una y otra vez era su karma.
—Isabel Allende.
Esa noche antes de llevarme a casa Jay primero me llevó a cenar a un lugar modesto y precioso.
Yo no podía dejar de sentirme tentada ante su presencia sintiendo como si de alguna manera su cuerpo era magnético.
Nos perdimos en una conversación larga hablando de todo y nada pero cuando Jay me rozaba perdía mi razocinio y lo único que quería hacer es tirarmele encima para reclamar su magnífica boca.
A veces pensaba que él quería lo mismo cuando veía sus orbes deslizarse de mis ojos hasta mi boca con un hambre evidente que hacía temblar mi corazón.
Jamás me había sentido así.
A la espera.
Como si estuviera muriéndome porque él me llevara a casa y nos fundieramos en un profundo beso sin precedentes.
Que Jay tocara mi piel ardiendo por sus manos, necesitándolo de la forma más íntima.
Compartiendo nuestro placer.
Contuve la respiración por un segundo al momento en el que vi sus pupilas detallarme con más intensidad como si él estuviera pensando lo mismo que yo y no pudiera esperar para llevar a cabo nuestros deseos.
Inevitablemente mi lengua barrió mi labio inferior algo nerviosa por esta explosión de sensaciones atrevidas que se filtraban de mi interior y en cuanto me atreví a volver a alzar la mirada por la de Jay pude entender que el gesto de mi parte solo había servido para encantarlo mucho más.
No sé en qué momento dejados de hablar pero en cuanto su brazo músculoso se estiró para con su pulgar acariciar mi labio humedecido solo pude tensarme llega de deseo por el simple roce.
Me permití cerrar los ojos para dejarme llevar por el deseo primitivo que resultaba que Jay me tocara.
Nuestra conexión era una cosa increíble.
La química flotaba entre nosotros pero esta vez no estaba dispuesta a huir incluso cuando mi corazón se agitara de nerviosismo por su cercanía y todo lo nuevo que estaba llegando a descubrir gracias a él.
— ¿Quieres que te lleve a casa, ángel? —su voz enronquecida y completamente sexy se coló por mis oídos ocasionando que abriera mis ojos inevitablemente encontrándome con sus orbes en llamas.
Sabía que había algo implícito en sus palabras.
De hecho me sonrojé por lo que eso significaría sin embargo por primera vez en mi vida me permití no sobrepensar las cosas y entregarme a la aventura.
Me mordisqueé la boca ligeramente cuando su dedo se apartó de mí sin dejar de mirarlo ni siquiera por un segundo captando lo sexy y peligroso que se veía a pesar de eso solo hice un gesto con la cabeza asintiendo mientras mi corazón se aceleraba con más fuerza.
Jay ni siquiera apartó los ojos de mi al llamar al mesero.
Yo sentía casi como si el lugar estuviera crepitando por el calor que nos rodeaba no obstante sabía que este solamente era por nosotros.
Después de pagar él se levantó mostrando todo su cuerpo letal y peligroso frente a mí para después avanzar a mi lado y tenderme la mano.
Yo no dudé ni siquiera un segundo poniendo mi palma entre la suya caliente notando la evidente diferencia de tamaños la cual enseguida quedó olvidada en cuanto sentí un extraño calor rodear mi cuerpo.
Un escalosfríos me recorrió entera una vez que estuve de pie a solo un paso de distancia de su increíble cuerpo perfecto.
No podía evitar escuchar el tamborileo rápido y constante de mi corazón.
Al entrar en el auto después de que él llegara a su asiento tras cerrar la puerta detrás de mí Jay volvió a tomar mi mano mientras manejaba creando una revolución de mariposas dentro de mi vientre y haciendo que casi sonriera como una niña.
Todo lo que él me hace sentir es maravilloso.
Casi como si estuviera dentro de un cuento de hadas pero me reprendo constantemente porque nada puede ser tan perfecto sin resultar evidentemente sospechoso.
En cuanto su auto se detuvo frente a mi casa los dos nos quedamos callados en absoluto silencio mientras que en el auto solo podía oírse nuestras respiraciones.
—Creo que debería bajar —murmuré volviendo a mi acostumbrada timidez y él asintió para bajarse y abrirme la puerta como un caballero.
Como la mayoría de los hombres en esta época no hace y tenía que admitir que con cada segundo que pasaba me sentía absolutamente más tentada por él.
Ambos caminamos en silencio hasta mi pequeña casa hasta que estuvimos uno frente al otro y vi sus ojos brillar de una manera que me hizo contener el aliento y como en el restaurant Jay estiró su mano para con su pulgar acariciar mi labio inferior enviando espasmos por todo mi cuerpo el cual parecía estar muriendo lentamente por su toque exquisito.
—Me estoy muriendo por besarte mi ángel —susurró él con los ojos en llamas y un estremecimiento de placer me hizo contener un vergonzoso gemido.
Sin embargo volví a tener miedo incluso a pesar del maravilloso placer que estaba experimentando solo con un inocente toque de labios.
Jay Gallagher era un seductor que me tentaba y excitaba como nadie nunca lo había hecho.
— ¿Puedo besarte? —me preguntó de repente de forma seductora al mismo tiempo que hablaba con voz ronca cargada de placer llegando secretamente a partes en mi cuerpo privadas.
—Creo que responderé que no —le dije nerviosa por lo que pudiera pasar si él me besaba en estos momentos cuando estaba sintiéndome como un volcán en erupción a la vez sintiendo algo extraño dentro de mí antes de escabullirme lejos de él aunque no fui demasiado lejos cuando Jay vino cerca de mí deteniéndome de la cintura estampando con suavidad su pecho contra mi espalda ocasionando que contuviera un gemido de excitación al sentir su dureza apretándose contra mí.
Esto es lo más erótico que me ha pasado en la vida.
—La duda me trae esperanzas —añadió él susurrándome al oído y yo no pude evitar estremecerme de placer pese a lo nerviosa que estaba era receptiva a su toque—. Eres tan hermosa —murmuró una vez más a mi oído.
—Eso seguramente le dirás a todas —le corté apretando sus brazos que no me dejaban ir con mis manos y para mí sorpresa él hizo que girara en ellos ahora abrazando mi cintura atrayéndome a su pecho amplio y duro.
Casi ronroneé de placer al ver sus ojos preciosos mirarme con tal alevosía como un hombre atormentado el cual quería conquistarme.
Nuestras respiraciones se mezclaban al igual que nuestras miradas tan tentadoramente cerca a la vez que Jay deslizaba su otra mano por la piel de mi mejilla en un gesto profundamente posesivo pero a la vez tierno que me hizo entremecerme secretamente queriendo mucho más de él.
—Nunca —gruñó y pude ver en sus ojos que no estaba mintiendo—. Eres más hermosa que como te imaginé en mis sueños —murmuró él en un tono seductor.
— ¿Aparecí en tus sueños? —le pregunté con timidez sintiendo la revolución de mariposas en mi estómago una vez más.
—Llevo imaginándote muchísimos años y ahora puedo ponerle rostro al amor de mi vida, ángel.
Algo dentro de mí estalló con fuerza.
Él lo había dicho otra vez.
Me había llamado «el amor de su vida» por segunda vez en el día
Si afirmación hizo que mi corazón saltar lleno de una emoción que no pude identificar.
—Cuando quieres besar a una chica, no preguntas. Simplemente lo haces —le dije y sus ojos brillaron de inmediato con una fuerza intimidante.
—Entonces debería intentarlo —afirmó él haciendo que mi corazón saltara una vez más.
—Inténtalo y yo huiré —le contesté sin embargo estaba mintiendo.
Él debía saberlo porque sonrió como un hombre el cual podría conquistar todo lo que quiera y mucho más.
—Y cien por ciento seguro que yo te alcanzaré pequeña —aseguró con seguridad y antes de que yo pudiera preveerlo sus labios tomaron los míos besándome de una manera increíblemente seductora, adictiva y perfecta acoplándonos como dos almas gemelas que se encuentran al fin.
Mis brazos se aferraron a su cuello mientras que los suyos fuertes se anclaban en mi cintura de forma primitiva.
Los dos ardíamos en una nube inexplicable de placer que nos hacía estremecer con fuerza.
Entonces lo supe.
Él tenía razón.
No podía ser otro que el amor de mi vida.
Mi corazón lo reconocía.
Mi cuerpo pedía más de sus caricias mientras que mi alma clamaba por fundirse con la suya para convertirnos en un solo ser.