Solange —Levántate perra. No me despertó su voz sino el agua que tiró en mi rostro para que me despertara. Inevitablemente me desperté sobresaltada pero al tener noción de la realidad la rabia me embargó cubriendo cada partícula de mi cuerpo. — ¡¿Qué te pasa?! Ella me fulminó con la mirada acercándose lentamente frente a mí ya que ahora estaba de pie a un lado de la cama. Si ella pensaba que me echaría hacia atrás o que le temería estaba completamente equivocada. Por el contrario. Alcé mi cabeza sin dejarme intimidar por su presencia. —Te sientes apoyada ¿Verdad? No sé qué le dijiste a Ian para convencerlo de enviarte con Abbiati pero una cosa sí te voy a decir, nunca serás la favorita de Ian. Yo soy su mujer —declaró ella con orgullo y tuve que poner todo de mí para no carcajear

