Capítulo IV

1560 Palabras
No recordamos días, recordamos momentos —Cesare Pavese. —La pizza que sirven aquí es superior —me dijo él en cuanto aparcó el auto en el estacionamiento de lo que parecía ser más un restaurante de lujo que una pizzería mientras que yo miraba boquiabierta el lugar. Sin duda alguna era sumamente elegante y lujoso el sitio. No sé por cuánto tiempo estuve detallando la hermosa estructura pero de pronto Jay Gallagher estuvo a mi lado abriendo la puerta para que saliera y tendiéndome su mano para ayudarme. Yo un poco cohibida apoyé mi palma en la suya sintiendo como una corriente extraña me recorría el cuerpo por completo y al alzar mi mirada en su dirección pude ver que a él también lo había afectado de alguna manera dado como estaba mirándome. —Yo no creo que esté vestida de la forma correcta para entrar —le dije después de pasar la punta de mi lengua por mi labio inferior nerviosa observando sus orbes enigmáticas devorarme en silencio. Mierda ¿Lo estoy imaginando? Había decidido cortar este momento íntimo con palabras pero cuando sentí su brazo rodearme la cintura y apretar ligeramente mi cuerpo hasta el de él mi nerviosismo creció sumamente y no dudé en apartarme con sutileza cosa que él vio sin embargo no lo mencionó. —Estas perfecta tal y como estás señorita Villalba —soltó en tono ronco y masculino ocasionando que me encantara su voz cada vez más en silencio. Yo no le respondí nada y entramos al lugar ganando miradas curiosas a nuestro alrededor poniéndome cada vez más tensa por la atención recibida. Pronto nos dieron la bienvenida y nos guiaron a la mesa para después darnos la carta. —Relájate, ellos huelen el miedo —dijo Jay haciendo que sonriera levemente y ambos miramos la carta sin embargo yo me quedé de repente sin aliento. Si bien estoy acostumbrada a que en esta ciudad sea costoso no esperaba ver precios tan desorbitantes en el menú. Me quedé fría al ver lo que debía pagar e incluso por mitad esto me saldría muy caro. Solté una palabrota en mi mente mientras que él murmuraba palabras que yo no estaba escuchando. No me iba mal con mi negocio y dado que estaba creciendo no tenía problemas con el dinero. Pero me parecía sumamente innecesario pagar tanto por una maldita pizza. ¿Tiene incrustaciones de oro? Me abstuve de preguntar antes de alzar la mirada hasta él quien mantenía sus exóticos ojos sobre mí pero esta vez me pregunté si había hecho esto a propósito, el traerme aquí como para mostrarme... ¿Mostrarme qué? Definitivamente estaba alucinando. —Buenas noches, me temo que la señorita debe llevar vestido de noche. Su vestimenta —él muy bastardo me dio una mirada de arriba a abajo con desdén que me hizo sentir fuera de lugar y aún más avergonzada de lo que ya estaba—. No es apropiada para nuestro distinguido lugar. Yo iba a levantarme tragándome las ganas que tenía de mandar a este tipo al infierno sin embargo no lo hice porque él tenía razón. Seguramente aquí habían códigos de etiqueta que yo no podía romper. Eso y que no iba a pagar un precio tan elevado por una maldita pizza sin embargo Jay no pareció pensar lo mismo que yo. Sorprendiéndome tanto a mí como al mesonero se levantó de la silla donde había estado sentado mostrando la altura intimidante que poseía a la misma vez que su rostro se fruncía con un gesto sumamente molesto que no solo puso a temblar al imbécil que se había burlado de mí, sino también a mis piernas. —Disculpate con ella antes de que... —sus amenazadoras palabras se vieron interrumpidas por quien parecía ser el gerente del lugar quien lucía tan nervioso como el mesonero solo que este parecía conocer a Jay. —Señor Gallagher ¿Ha habido algún problema? Mis más sinceras disculpas, este es un mesonero nuevo y... —Discúlpate con ella —advirtió Jay con una voz amenazantemente calmada no obstante sus ojos decían otra cosa. Eran peligrosos y no se habían apartado ni un segundo del burlón joven y a su vez yo no había quitado los míos ni un segundo de él. Incluso con la aparición del recién llegado. —Le estaba diciendo a la señorita sobre el código de vestimenta —se excusó él mesonero con su jefe sin querer disculparse conmigo obviamente y al ver un destello salvaje en las orbes de Jay y su intención clara de acercarse a él, y algo me decía que para hacerle daño, yo me acerqué al lado de mi defensor sin saber en qué momento había aferrado mi mano alrededor de su muñeca cálida para que no avanzara y no se metiera en problemas por mi culpa. Rápidamente pude sentir como su cuerpo se tensó aún más a mi lado solo que yo no me atreví por ningún motivo a mirarlo. Enseguida su mirada me quemó de una forma que a la vez me hizo estremecer acelerando mi corazón de forma extraordinaria. Este hombre a mi lado tiene un poder supremo y extraño sobre mí lo que realmente me parece ser muy peligroso. Así que decidí calmar un poco mis hormonas y concentrarme en el momento. —Lo entiendo, no hay ningún problema. Mi acompañante y yo comprendemos el código de vestimenta y nos vamos ya. — ¡Señorita lo lamento muchísimo! Este muchacho no sabe absolutamente nada, su vestimenta es aceptable, pueden quedarse y serán atendidos de la mejor manera. ¿Aceptable? El hijo de puta me había recorrido con la mirada como buscando algo bien en mi vestimenta ocasionando que apretara los dientes. Mi ropa era “Aceptable” para ellos. Pero me figuraba que la cuestión ahí era que Jay Gallagher era mucho más importante de lo que creía dado el interés del cual ese hombre procesaba y tal y como lo miraba. Eso sumado a que iban a dejar pasar por alto mi vestimenta. Eso ha sido como un jodido insulto aunque traté de no darle demasiada importancia. Después de todo yo misma sé que no estoy vestida como para estar aquí. Aunque jamás me atrevería a volver. “Bien vestida” o no. Cuando traté de soltarme de su agarre él no me dejó hacerlo, por el contrario. Rodeó mi mano con la otra suya antes de mirar al mesonero de forma peligrosa y evidentemente hastiada. Esta fue la señal de Jay para volver a hablar dado que desde que lo toqué se había quedado completamente en silencio. —Pídele disculpas y no quiero volver a repetirlo. Yo alcé la mirada hasta él dándome cuenta que Jay Gallagher parecía estar acostumbrado a dar órdenes a donde quiera que iba. Su ceño estaba fruncido sin embargo no parecía lo tan molesto que había estado minutos antes. —Jay, no hace falta, de verdad —le dije atrayendo su atención. La verdad es que no quería que se metiera en problemas por mi culpa por algo tan insignificante. Sus ojos duros se mantuvieron en el chico y este tragó saliva antes de hacer lo que él había exigido ignorando mi intercepción. —Lo siento mucho señorita. Yo asentí quedamente antes de escuchar a Jay hablar otra vez usando esa voz amenazadora y terriblemente masculina que tenía. —Agradece que mi novia no le haya tomado importancia a tu desdén, cuida tu boca, chico. Esta podría llevarte a la tumba —gruñó Gallagher antes de que hiciera que los dos le diéramos la espalda a los hombres y a pesar de la amenaza clara saliendo de sus labios yo solo pude pensar en las inoportunas mariposas que sentí en mi vientre al escucharlo llamarme su novia. ¿Por qué me ha llamado de esta forma? Mis mejillas se colorearon de inmediato incluso contra mi voluntad y en cuanto estuvimos fuera de la pizzería él se giró para quedarse justo frente a mí ocasionando que el aroma de su perfume seductor llegara a mis fosas nasales encantándome de inmediato como a una serpiente. Sus orbes enigmáticas y exóticas estuvieron sobre mis ojos cafés normales dejándome atontada por las sensaciones que extrañamente nos estaban rodeando. Sorprendiéndome se inclinó un poco y su pulgar barrió una de mis mejillas ocasionando que contuviera el aliento por unos segundos sumida en las emociones que estaba despertando en mí con un simple roce. Cosas que nadie nunca había logrado despertar en mí. —Lo siento por esto. No te habría traído de haber sabido que... —No hay problema —dije encogiéndome en hombros tratando de parecer inmune a sus encantos incluso cuando la piel de mis mejillas aún ardía por su toque—. Por aquí cerca hay una pizzería muy buena, no es tan... Fina como esta pero la comida es deliciosa —dije finalmente sorprendiéndome a mí misma por mi atrevimiento y confianza. No sé qué estaba pasándome pero esta no parecía ser yo. Empezando porque no había huído desde el primer momento cuando él se había acercado y había tocado mi mejilla. —Estoy seguro que la disfrutaré —me respondió él y pude ver en sus ojos algo peligroso mostrándose solo que no pude identificarlo además de que sus palabras no parecían estarse refiriendo ya a la pizza.
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