Hoy es sábado nuevamente y son las seis de la mañana, esta vez no es mi madre, ni el estúpido Marciano de Adam los culpables de levantarme a esas horas de la madrugada. —¡Maldita sea! Estas sabanas me gustaban… —Estoy llorando. No sé por qué olvide que estaba justo en los días de mi ciclo. Ahora he arruinado unas bonitas sabanas. —¿Qué sucede cafecito? —pregunta Cam, preocupada. He debido sollozar fuerte. Soy de esas chicas que se vuelven toda una bola de sentimientos en esos días del mes. —Estoy en mi ciclo. —señalo las sabanas enrolladas en el piso—. Y quería esas sabanas. —Oh, por lo menos no estás doblada del dolor como yo. Además, hay otras sabanas iguales en la cómoda. —Voy a ducharme, botaré estas cosas y saldré a correr. Sabes que me convierto en una perra sentimental. —P

