La Condesa Transa Leocadia, sentada en su trono con una serenidad calculada, observaba desde lo alto a la mujer que una vez fue una espina constante en su vida: la madre de Edward, su antigua suegra. Lady Transa permanecía de pie frente a ella, su elegante porte todavía intacto, aunque sus ojos delataban una mezcla de rencor y nerviosismo. Leocadia había ordenado traerla al palacio para una audiencia privada, un acto que había despertado curiosidad entre los nobles. Nadie sabía qué pretendía la emperatriz al convocar a una mujer que en el pasado no había hecho más que menospreciarla, aunque no supieran la razón real ya que Kaelion anuló su matrimonio antes de que se consumara. El salón estaba silencioso, excepto por el leve crujido del fuego en las antorchas. Leocadia, impecablemente v

