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1837 Palabras

Regalo Las palabras cayeron entre ellos como una roca que perturba la superficie tranquila de un lago. Kaelion frunció el ceño, sorprendido por la suavidad, pero la contundencia, con que ella le había hablado. No era una recriminación furiosa, sino una declaración de su sentir, algo que hacía aún más difícil de ignorar. - No es eso. - respondió él, su tono suave, pero algo lleno de contradicciones - No se trata de que no confíe en ti. Se trata de que... me preocupas. Leocadia lo miró fijamente, sin apartar la vista de su rostro. Sus ojos brillaban con una intensidad que él conocía bien, pero esta vez había algo más detrás de esa mirada. Una necesidad de ser comprendida, de ser vista no solo como la emperatriz que llevaba el peso de su imperio, sino como la mujer que estaba frente a él,

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