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1145 Palabras

El Príncipe de Glen La sala del trono en el Reino de Glen era un lugar solemne y silencioso, salvo por el suave murmullo del viento que se colaba por las rendijas de las ventanas de cristal. La reina, sentada en su trono de roble tallado, observaba pensativa el paisaje a través de los ventanales. Su rostro, siempre sereno, mostraba un atisbo de preocupación, algo raro en ella. En sus manos, sostenía una carta, sus ojos recorriendo las palabras escritas en ella una vez más. La noticia sobre su hija Leocadia había llegado rápidamente y el bienestar de la joven emperatriz parecía estar en peligro. La carta hablaba de la reciente crisis que Leocadia había sufrido después de la manifestación de Nerias en el templo, su caída por fiebre y el desmayo posterior. Aunque se mencionaba que Leocadia

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