Pov Tasya Él agua fría me empapa el cabello y la cara. Abro los ojos de golpe y puedo ver a Viktoria viéndome desde arriba, con esa sonrisa macabra que solo ella sabe tener. Pero a mí no me mueve, no me intimida. No cuando he visto sonrisas muchos más siniestras el resto de mi vida. —Buenos días Tasya —dice, y muerde una fruta que tiene en la mano—, te traje un juguete, para que juegues a la doctora —me dice, y espabilo varias veces cuando veo que lanzan el cuerpo de una mujer al piso—, curala —ordena entregándome una gasa, alcohol y otros instrumentos . La celda se cierra y enseguida me pongo de pie. Mis manos tiemblan cuando reconozco a la mujer que está lanzada en el piso. Tiene las hebras rubias pegada a su piel sucia, parece que la violaron, y una herida en el abdomen bajo no deja

