Antes de poder parpadear dos veces, me jala boca abajo. Mi mano atada se tuerce dolorosamente sobre mi hombro, pero mi grito queda ahogado por la almohada en la que empuja mi rostro. Apenas tengo tiempo de procesar lo que está pasando. En un instante, un dolor ardiente sube desde mi nalga desnuda. Otro golpe le sigue de cerca. Luego otro. La palma enorme de Callum me marca una y otra vez mientras grito en la almohada, cada vez con más odio. Odio que pueda hacerme esto. Odio no tener elección. Odio estar atrapada. Odio a Callum por hacerlo. Odio a mi padre por permitirlo. Y sobre todo, odio que cada golpe envíe una oleada ardiente de placer por mi cuerpo. Estoy harta de no tener control. —¡Vete a la mierda! —logro gritar entre lágrimas, girando la cabeza para que mi voz ya no quede ahog

