MARTINA No me está tomando de la mano como el monstruo que casi me hace llorar hace apenas unos momentos. El agarre de Callum es firme, pero no dominante, y el calor de su palma es tan intenso que apenas me doy cuenta de la importancia de lo que está pasando hasta que ya he dado una docena de pasos fuera de mi jaula. Estoy fuera. Por primera vez desde que me trajeron aquí, estoy libre de ese dormitorio bañado en rojo. Aunque, difícilmente lo llamaría libertad verdadera. Mi cruel captor me mantiene cerca. No puedo permitirme ser engañada por la ternura de su toque. Aun así, si no supiera lo que sé, podría ser engañada para pensar que se siente culpable por haberme gritado allá atrás. Tal vez Tara no estaba tan equivocada después de todo. Tal vez Callum no es completamente un mons

