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1898 Palabras
En el Juego El grupo fue conducido a una sala de doble espejo donde varios soldados estaban sentados frente a pantallas y computadoras monitoreando a la mujer sentada en la sala de al lado. - Constance... - la voz de Riku se escuchó estrangulada en su garganta cuando avanzó para verla. Se podía ver su perfil y su cargo cabello castaño sujeto en una coleta. Vestía una sudadera gris y pantalones ocre con botas de combate similares. Aún quedaban remanente de moretones en sus brazos. - ¿Fue golpeada? - preguntó Riku girándose hacia el sargento quien se encogió de hombros. -Tuvo que ser inmovilizada entre varios hombres. Eso pasa en un procedimiento. - ¡Es una mujer! - exclamó Riku con el rostro desconfigurado. - Es un meta humano y un soldado. - aclaró el militar con seriedad. - Espero que no vuelva a repetirse. - siseó Rin con los ojos brillantes en la habitación oscura lo que hizo que los operadores se sobresaltaran y sus colegas sonrieran orgullosos - Tomaré acciones contra ustedes si vuelven a ponerle una mano encima. Registraremos esas marcas. Han pasado días y aun son visibles. Eso dice mucho. - Voy a entrar a hablar con ella. - dijo Noah caminando hacia la sala de interrogatorios seguido por el sargento Packard El soldado caminó hacia la puerta de la sala contigua y miró al esper con dureza. - Sabes el procedimiento, Grant. Nada de trucos estúpidos. - Los que han olvidado el procedimiento son ustedes... - le recordó Noah molesto - No me jodas a mi o a mi gente. Ya no soy un soldado, ni dependo de ti. El sargento frunció el ceño y abrió la puerta. - Deveraux, tienes visitas... - le dijo dejando pasar a Noah quien miró a la guía en tanto se sentaba en la mesa frente a ella cuando la puerta se cerró dejándoles solos. Noah observó la sala a su alrededor. Estaba poco iluminada, las paredes grises y la mesa de metal al centro del cuarto reflejaban el ambiente frío. Una lámpara colgaba del techo, proyectando un único haz de luz que bañaba la mesa, dejando el resto del lugar en penumbra. Muy deprimente. - Grant...creí que no podrían entregar mi mensaje. - le dijo con una expresión aliviada al verlo en persona. - La G3 es muy eficiente. Me avisó en cuanto habló contigo. - le dijo con calma - ¿Estás bien? La guía miró hacia el espejo y suspiró. - Todo bien. Manta y esas cosas. Celda individual y comida decente. - ¿Qué fue lo que pasó? - preguntó el esper - ¿Tuviste una crisis? - No... - ¿Fuiste atacada? - ...No... - Si no me dices, no podré ayudarte...- advirtió Noah - Mi guía me acompaña e iniciará la investigación. Necesitamos que nos digas lo que pasó para poder aclarar todo. La guía miró el espejo y suspiró haciendo que Noah comprendiera que había gente que estaba escuchando que podría estar involucrada. La tensión era palpable en el aire. - No es un juego, Guía. Sabes por qué estás aquí. - le dijo con voz grave y firme - Te acusan de atacar a Norms. - Hice lo que tenía que hacer. No teníamos tiempo había otros en peligro. - le dijo desviando la mirada, pero luego lo miró con intensidad. - ¿Piensas que tomar esa decisión sola iba a solucionarlo todo? Sabes las reglas. No atacamos inocentes. Esto no se trata solo de ti. - Las reglas no siempre aplican cuando estás en el campo, Grant. Tú lo sabes mejor que nadie. Si no hubiera actuado, estaríamos contando más muertos hoy. - le dijo frustrada, inclinándose hacia adelante. - La improvisación puede salvar el día, pero también puede destruir meses de trabajo. No viste el panorama completo. Podría costarnos mucho más de lo que imaginas, no sólo a ti, a todos nosotros. - ¿Por qué dices eso...Pensé que... - Exacto, no pensaste. Hiciste lo que te pareció correcto en ese momento y ahora estas en un gran lío que la Cúpula tiene que arreglar. - ¿Qué quieres que haga? - murmuró inquieta - Eso depende. Si puedes hablar con nosotros para aclarar el desastre que creaste, tal vez podamos contenerlo. Pero necesitarás seguir órdenes esta vez. Sin excepciones. Es una orden G3. Ella te lo dijo cuando habló contigo. - Noah advirtió reclinándose en la silla y cruzando los brazos - Ahora todo depende de ti y en que colabores. - Lo haré. Seguiré la orden, pero no puedo hablar con todos esos fisgones tras el espejo. La tensión en la sala se volvió más densa. Noah guardó silencio por unos segundos, observando cómo Constance intentaba procesar lo que acababa de escuchar. - Perfecto. - dijo Noah con una sonrisa - Entonces haremos todo lo posible por sacarte de aquí. Noah observó cómo la guía aceptaba el plan con una mezcla de resignación y desconfianza. Ambos estaban conscientes de la gran ventana de un solo sentido a un lado de la habitación. Desde el otro lado, los observaban. El esper suspiró. Iba a poner en marcha un plan cuidadosamente orquestado por Anthea para sacar a Deveraux de ahí, saber que estaba pasando y todo debía sonar convincente, pero no tenía tiempo de prepararla más. Tendría que confiar en su entrenamiento. El esper respiró hondo y decidió dar el siguiente paso, adoptando un tono más suave, casi conciliador, preocupado por el bienestar de la guía. - G2… tu compañero está aquí. Llegó hace poco. Está… destrozado. No ha dejado de preguntar por ti. Constance levantó la vista, confundida y sorprendida. Sabía que no tenía un compañero. Tenía 32 años, ya había salido de la base de Selene. Pero entonces lo entendió. Esto era parte del plan. La confusión en su mirada rápidamente fue reemplazada por una de comprensión repentina y sus manos, las que habían estado temblando levemente, se detuvieron. Grant estaba mintiendo a propósito, no a ella, sino a quienes estaban escuchando desde el otro lado de la sala. La guía sintió un escalofrío recorrerle la columna vertebral. Un compañero. La mirada del esper, sin embargo, le dejó claro que debía entender rápidamente lo que estaba sucediendo. Su equipo había creado una fachada y ella debía meterse en el papel de inmediato o todo se vendría abajo. Su cerebro trabajaba a mil por hora. - ¿Mi compañero? Noah… ¿Cómo es posible? No lo he visto en meses. Desde el otro lado del espejo, el grupo estaba observando y escuchando cada palabra, unos evaluando la conducta de la guía para confirmar si lo que decía el hombre parado a su lado era cierto y por otra, los metahumanos, esperanzados de que la guia siguiera el juego de manera creíble. Noah sabía que las palabras que acababa de pronunciar eran cruciales para los que escuchaban. Ahora dependía de que creyeran en la historia que había construido: Que Deveraux era una guía desesperada por salir ya que su “compañero” la esperaba y que solo tenía una opción para escapar de esa situación. Cooperar. - No hablamos hace meses… ¿Qué está haciendo aquí? El esper mantuvo su mirada fija, sabiendo que la guía había entendido. Ahora era cuestión de que ambos sincronizaran sus acciones. - La Directora Davies le avisó al hospital. No pudo soportar la noticia de que te habían encarcelado. Viajó al domo de Capitol City en cuanto se enteró. Está asustado. Quería verte, quería asegurarse de que estás bien. Las palabras de Noah penetraron el aire como cuchillos. Constance lo miró procesando los datos que le proporcionaba entre líneas. Se suponía que debía responder, jugar el papel, pero la historia se estaba creando en ese momento y era difícil de asimilar. Respiró hondo. No había lugar para dudas ahora. - No… no tenía idea de que le importaba tanto… Sabía que no estábamos bien, pero… - su voz se quebró momentáneamente, jugando el papel - Pensé que me había dejado ir. Noah le dio una mirada intensa. Sabía que la actuación debía ser perfecta. Los Norms debían creer que ese hombre, un civil lejos de su compañera, estaba sufriendo por ella y, que ella, estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para salir y reunirse con él. - No puedes decir que te ha dejado ir. Están vinculados, sé que tu esper no estaba de acuerdo con la nueva asignación, pero te respetó ¿Eso no demuestra lo que siente por ti? - le dijo con voz más baja, inclinándose hacia ella - Él te necesita, Constance. Está esperando allá afuera, desesperado por verte. Está muy preocupado… si no sales de aquí pronto, no sabemos lo qué va a hacer. Es un esper psíquico poderoso, si se desestabiliza, aunque tenga el implante...Trabaja con niños. Lo sabes. Él… te ama, guía. La guía se tensó. Un esper psíquico. Mierda. No eran muy comunes y menos uno poderoso como decía Noah. Tal vez habían tres o cuatro que conocía...quién podría ser. Así es que esa era la historia: trabajaba con niños, un civil, separados por la asignación en el ejército...Todo estaba diseñado como una trampa emocional para que los Norms que los observaban creyeran en esta historia falsa y tal vez, incluso se apiadaran de ella. Su única salida dependía de que este “compañero” fuera lo suficientemente convincente como para que quienes la tenían encerrada bajaran la guardia. - Si está tan preocupado… haré lo que sea necesario para salir de aquí. No puedo dejar que siga sufriendo por mi culpa. - dijo mirando a Noah fingiendo las emociones lo mejor que pudo. - Voy a hablar con él. Voy a asegurarme de que puedan verse. Pero tú… mantente fuerte, guía. Solo necesitamos que sigas en esto. No hacer preguntas, no cometer errores. La G3 confía en ti. El silencio en la sala se hizo más pesado, mientras la guía tomaba una respiración profunda, jugando a la perfección el papel que le habían asignado. - Lo haré. Haré lo que me pidas. Solo quiero que todo esto termine y estar con él. No debió pasar por esto. Se lo prometí. Constance habló con un tono ansioso, con el cuerpo rígido, pero su mente clara. Estaba en una trampa tejida con mentiras, pero ahora sabía cuál era su papel. Sabía que allá afuera, al otro lado de ese espejo, los Norms que querían encubrir lo que estaba pasando y la estaban evaluando. Todo lo que tenía que hacer era convencerlos de que no era solo una soldado atrapada en una red de intrigas militares, sino una mujer cuyo esposo, un meta humano que trabajaba en el mundo civil, roto y desesperado, la esperaba con el corazón en la mano. - Gracias, Noah. Haz que sepa que saldré. Por él. - Él te está escuchando, guía. - le dijo con un sonrisa antes de salir. Mientras Noah cerraba la puerta tras de sí, la sala volvió a sumergirse en un silencio tenso. Todo dependía de que la mentira fuera creída… y de que ella mantuviera el control. "Diablos, no soy buena en eso", pensó con el corazón latiendo desbocado. Su compañero ficticio estaba a punto de entrar y la fachada debía sostenerse. Tenía que convencerse y convencer a quienes observaban detrás del vidrio espejado de que todo lo que sucedería ahí era real.
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