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2001 Palabras
Trabajo de Guía Riku y Constance salieron del interrogatorio en silencio. La tensión en el aire era densa, tanto por la situación que acababan de atravesar como por la conexión entre ellos, que crecía con una intensidad imparable. Riku había estado conteniéndose durante todo el tiempo en que estuvieron separados, furioso consigo mismo ante la situación tan absurda. Era un hombre adulto de 34 años, no una luz en entrenamiento. Pero ahora que se alejaban de la sala de interrogación y entraban en el pasillo hacia su habitación, la desesperación lo consumía. Nunca se sintió así con Aoto y eso era lo que más lo desconcertaba. Lo conocía desde que despertó como esper y cuando fueron vinculados, todo pareció encajar por si solo, pero ni siquiera después de que la conexión fue consumada sintió esta sed,esta necesidad. Cada paso que daba lo acercaba más a poder tenerla cerca, de sentirla, de dejar de resistir la tirantez emocional y física que los unía. El vínculo de segunda oportunidad, lo estaba arrastrando, y por más que intentara controlarse, no podía. "Soy un adulto, soy un adulto", se repitió en su mente y casi se rio cuando sintió la erección aparecer bajo la tela de sus pantalones. A mitad del pasillo, su respiración comenzó a acelerarse. Sin poder soportarlo más, se detuvo bruscamente, giró hacia Constance, y antes de que ella pudiera reaccionar, la atrajo hacia él. Sus labios se encontraron con los de ella en un beso desesperado, apasionado, como si hubiera estado esperando siglos para ese momento. - ¿Riku? - murmuró Constance sorprendida, con la voz entrecortada aferrándose a él - ¿Qué... qué te pasa? Riku apenas pudo separar sus labios de los de ella, apoyando su frente contra la de Constance, su respiración entrecortada y agitada. Todo en su interior era un torbellino. Su necesidad de estar con ella, de tocarla, de sentirla, lo estaba devorando por dentro. - No puedo... No puedo parar. No puedo detener esto... - susurró con la voz ronca - Te juro que trato, pero no lo logro... Es una mierda...¿Cómo no puedo controlarme? El miedo y la necesidad se mezclaban en su voz, haciendo que cada palabra sonara angustiada y con rabia hacia si mismo. Constance lo miró, tratando de entender lo que estaba pasando. Podía sentir la intensidad del vínculo, podía percibir cómo lo estaba afectando, pero jamás había visto a un esper de esa manera, tan vulnerable, tan fuera de control. Era diferente a lo que veía cuando se desestabilizaban por sus habilidades. Y lo que más la conmovió era que ella fuera la persona que lo provocaba. - Riku... tienes que calmarte, por favor. ¿Qué es lo que está pasando? - le dijo liberando las estelas para envolverlo con ellas, pero el hombre sólo siseó y la presionó contra la pared. - Mala idea... - siseó ya sin escucharla. Su necesidad instintiva ganó la partida. No era solo deseo, era algo mucho más profundo, algo que venía del vínculo que compartían. La conexión entre ellos lo estaba afectando, la necesidad de cercanía era tan abrumadora que le resultaba imposible pensar en otra cosa. Volvió a besarla con más intensidad, sus manos recorriendo su espalda, acercándola más a él, como si temiera que se desvaneciera si no la sostenía con fuerza. - Te necesito... no puedo más... no puedo...- dijo metiendo la mano entre la tela del uniforme y tocando su piel mientras ponía una de sus piernas entre las de la mujer cargando su cadera sobre ella para que no se moviera mientras desabrochaba la parte superior. - Oye, estamos en un pasillo. Hay cámaras... - le pidió al ver que sus manos iban a sus senos para aferrarlos sobre la tela. Constance sintió su propio cuerpo responder a la intensidad de Riku, el calor de su cercanía y la fuerza de su conexión haciéndola perder el aliento. Sabía que el vínculo los estaba empujando, pero también sabía que Riku estaba luchando consigo mismo, contra el temor y la rabia que esa conexión significaba para él. - Mierda... - gruñó, tomándola en brazos para llevarla a la habitación. Cuando finalmente llegaron a la puerta, Riku la empujó suavemente contra la pared, sus labios devorando los de ella como si todo su ser dependiera de ese contacto. Constance, aún sorprendida, levantó una mano para acariciar su rostro, buscando algún tipo de explicación, pero lo único que encontró fue la vulnerabilidad y el deseo irreprimible en los ojos de Riku. - Riku... mírame. Estoy aquí. Concéntrate en mi o te perderás... - le dijo acariciando su rostro haciendo que fijara la vista en ella. Riku cerró los ojos un momento, tratando de calmarse, pero su cuerpo no respondía a su voluntad. La intensidad del vínculo, el miedo, la necesidad de estar con ella... todo lo abrumaba. No podía detenerse, no quería. - No puedo alejarme de ti. Te necesito, Constance... por favor. No entiendo, ayúdame... La súplica del esper activó sus instintos y formación de la guía e hizo lo que Rin sugirió. Hacer su trabajo. Antes de que pudiera responder, la puerta de la habitación se abrió y Riku la arrastró dentro, cerrándola detrás de ellos. La desesperación de Riku se reflejaba en cada movimiento, en cada toque y Constance, aunque aún sorprendida por la intensidad de la situación, comenzó a comprender. El vínculo entre ellos no era algo que pudiera controlarse y para Riku era igual que desestabilizarse, perder el control de sus capacidades y de si mismo. Por lo que podía sentir mientras liberaba sus estelas para acariciarlo, Riku necesitaba el control, sus habilidades psíquicas y su capacidad de leer la mente de otros era tan buena como destructiva para él. Debía haber sido muy duro saber lo que los demás pensaban de él sin siquiera intentarlo. Debía haber usado un riguroso entrenamiento para mantener en alto las barreras que lo protegían de la lectura aleatoria como un escudo a su persona, pero también una muralla para no dejar entrar a nadie. A medida de que Riku la desnudaba, acariciándola con desesperación después de dejarla en la cama, Constance activó sus habilidades de segundo círculo para ver las imágenes que fluían dentro del vínculo. Sabía que sería una sobre estimulación para Riku, pero necesitaba saber para hacer su trabajo: Una aldea humilde, un hombre ebrio que maltrataba a su mujer y a una niña mientras el niño observaba escondido bajo una mesa, miedo ante una sombra que se acercaba con un cinturón, dolor, soledad. Su despertar, calor como fuego ardiente en su cuerpo, la imagen en un espejo viejo de un niño con cabello blanco, el maltrato de los aldeanos gritando algo que la joven no pudo entender, piedras y comida golpeando su pequeño cuerpo. Un guía saliendo de un auto y sonriéndole para tranquilizarlo, sensaciones se cruzaron como si lo percibiera como un amigo y padre. La Cúpula, el entrenamiento... la elección por compatibilidad, el mismo hombre. Ese era su guía. El que le hizo daño. Las emociones de permanecer solo si no lo elegía, la necesidad de demostrarse que era valioso para no ser abandonado o agredido como lo hizo su padre biológico quien prácticamente lo vendió a la Cúpula por el dinero de la asignación estatal. La soledad, el trato preocupado, pero extraño de su compañero que lo hizo dejar de luchar, dejar de ser visto para no provocar enojo en el otro. No volvió a tocarlo, pensó la joven. No lo valoró. Las imágenes continuaron llegando a toda velocidad haciéndola jadear y aumentar las estelas de llamada en la habitación al punto de que Riku se desvistió liberando su aura golpeando su piel para luego penetrarla con fuerza. Las imágenes siguieron. Un dojo, los esper de Rin, un esper y otra guía, la G3. El hospital donde estaba trabajando, una mujer de cabello oscuro quien tenía la misma sonrisa que la de él lo miraba divertida para luego abrazarlo. - Ven... - le dijo rodeando su cuello con los brazos en tanto Riku la embestía con urgencia. El aura del esper se desplegó cubriendo a Constance y envolvió las estelas de la guía que danzaban en el ambiente embistiéndola con fuerza. - Me estas leyendo... - siseó en un jadeo - No... - Soy una guía... - le dijo - ¿Quieres leerme? Riku se tensó al escucharla y la miró sorprendido sin dejar de embestir en su interior. - ¿Puedo? - preguntó con aprehensión - ¿No va contra las reglas? - Eres mi compañero... - le dijo sonriendo - Eres diferente... No eres cualquier esper... Eres mi esper. El joven la miró incrédulo, pero sonrió agradecido para luego besarla en los labios introduciendo la lengua para saborearla. Constance liberó el bloqueo que los guías mantenían para los demás y dejó fluir las imágenes: su niñez en un orfanato, los golpes y los castigos. Su partida a la Cúpula, el entrenamiento, el aislamiento al que fue sometida por su tipo de estela, el ejército, la vida en campaña y en combate, la muerte a su alrededor, la soledad... La sorpresa al conocerlo... Constance no advirtió que sus emociones permeaban las imágenes y fluyeron hacia Riku envolviéndolo como una caricia hasta que vio su propia imagen y los sentimientos de Constance lo golpearon como una loza ¿Tenía sentimientos por él? Mierda, mierda... Eso lo descolocó y una parte de él se volvió eufórica ante esa revelación. - Necesito que te corras. - gimió cerca de su cuello - Termina la conexión. - Riku...no... Los ojos de la guía habían cambiado de color y el brillo se había intensificado en los dos círculos en su rostro. Tenía miedo de liberar toda su habilidad debido a sus estelas tóxicas. - No me hacen daño... - le dijo apretando sus dientes para tratar de controlar la excitación - Las necesito... Tus estelas... Libéralas... las tomaré por ti... - Si le hago daño a alguien afuera... - jadeó. - No lo harás, estoy aquí. Las tomaré... Mierda, córrete. No aguantaré. Las palabras cargadas de deseo de su compañero así como el brillo de brazos que subía sobre sus codos al igual que el brillo del cuello el que comenzaba a bajar por su torso para perderse en la base de su eje, la sorprendieron. Era una sincronización perfecta con las habilidades de su guía tal como había aprendido en su formación. Nunca lo había visto en un esper hasta ahora. - Ahora... Córrete. - gimió Riku embistiendo más profundo y hasta un poco brusco usando una mano para estimular su punto sensible. Constance gritó por la sorpresa y por la última embestida que la hizo venirse. Sin poder evitarlo, su energía se liberó de la misma forma en que Riku lo había visto la vez anterior: una onda brillante como polvo de estrella. Con la sincronización de la conexión y las habilidades combinadas, el esper pudo cubrir la onda a una velocidad increíble la que se diluyó en su aura de color amatista al mismo tiempo que se corría en su interior intensificando la estimulación con el golpe de adrenalina. Constance, se movió respirando agitada y aprovechó el que su compañero salió de ella al observar su reacción para correr al baño y cerrar la puerta tras ella dejando a Riku desnudo en la cama totalmente desconcertado. - ¿Estas bien? - preguntó sin atreverse a ir a la puerta. - Si. - mintió Constance temblando apoyada contra la puerta - Voy en un momento. - Lamento si fui brusco...- escuchó decir desde la habitación. - No, todo está bien... - le dijo envolviéndose con los brazos respirando con fuerza. Tenía que regular sus emociones, el abrir el bloqueo emocional que los guías tardaban años en controlar era en extremo intenso para ellos. Demasiado peligroso y la vulnerabilidad en la que los dejaba podía llevar a un rebote si no se manejaba bien. La guía nunca lo había hecho y necesitaba estabilizarse rápido.
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