Alexander
No estaba de humor como para soportar el encuentro de amigas que mi madre organizo en su casa, cancelé mi reunión y preferí no irme a Florida, mi madre es maravillosa, pero ha estado intentando buscarme pareja con cualquiera de sus amigas y en cualquier oportunidad.
Miro el GPS confirmado que sea la dirección correcta, Sergio está esperándome fuera por lo que bajo de mi auto, agarro la botella de wiski y camino a saludarlo.
Llegue tarde, pero el ambiente está muy bueno, Marcos y Sergio están bromeado con las mujeres de Emanuel y Pablo.
-La verdad, no sé porque mi tía esta empecinada en buscarte pareja- se acerca Sergio ofreciéndome una cerveza. -Aunque me alegraría que le prestaras atención a otra mujer que no sea Aurora.-
-No voy a retomar la relación con ella, lo intentamos, pero no funciono- le respondo no querido profundizar en el asunto
- Sabes.. te acuerdas de Pinki?- responde haciéndome reír al recordar a la niña imperativa que siempre me pegaba y siempre defendía solo a Sergio cuando éramos niños, no la he vuelto a ver.
-Si, la recuerdo... tu amiguita de infancia, la mujer que siempre quieres meterme por los ojos- contesto haciendo referencia que siempre ha querido presentármela, pero no habido oportunidad.
-No siempre, he pensado que ustedes dos podrían llevarse muy bien, espero no estar equivocado-
-Te equivocas- respondo al instante, - no estoy buscando nada serio con ninguna mujer, estoy bien así, encuentros casuales, salidas de vez en cuando, no hay escenas de celos, peleas, ni quejas con mamá.
-Eso me lo dices porque nunca te ha gustado una mujer lo suficiente como para mantenerte a raya-
-Lo dices por tu hermoso y feliz matrimonio? -le respondo sarcásticamente
- No Pendejo lo digo por experiencia- dice Sergio un tanto enojado poniéndose de pie
-Sabes que, ya no te la quiero presentar, ella está muy bien sola, ojala pueda encontrar a un buen hombre y tu puedas encontrar a una mujer que te aguante- me señala lanzándome una cerveza -Que tal tu secretaria?- contesta a lo que alcanzo a sujetar la botella, el idiota me la quería lanzar en la cabeza.
-¿Hablas en serio?- le respondo indignado -Ya te lo dije, no la soporto, algún día de estos ya se cansa y se larga de una vez.-
-también es mi amiga, así que no te pases con tus bromitas de mal gusto- dice Sergio, como siempre defendiendo a sus amigos
- Como quieras, mejor dime donde esta Ester?-
-Vamos a buscarlas, deben estar dentro- me señala la entrada al pasillo
-Deben? – le pregunto
-Si debe estar con Liv, no la recuerdas, pero ya la vas a ver- contesta dejándome un poco pensativo, pero, así como está mejor lo ignoro.
Caminamos recorriendo toda la planta baja, hasta que las encontramos sentadas en el suelo de la cocina.
-Alexander- grita Ester poniéndose de pie y abrazándome efusivamente
- Como estas pequeña, no te había visto desde tu boda- le respondo con la misma alegría, ella también es mi amiga y se lleva bien con mamá.
-Estoy de maravilla ¡hip¡- se tambalea y la alcanza a cargar mi primo
-Ayúdame con Liv porfa,voy a recostar a mi esposa en nuestra habitación- me dice Sergio a lo que camina de salida.
-Puedes cargarla hasta la habitación de invitados?- me pregunta a lo que asiento
- Dejame Ayudarte- me agacho a recogerla del piso porque no puede ni pararse.
- Suéltame, no necesito de tu ayuda- responde histérica queriendo soltarse de mis brazos
- Cálmate, soy primo te Sergio solo quiero ayudarte- digo tratando de calmarla
La Observo detalladamente es una hermosa mujer, pero me causa un poco de ternura al mirar que patalea y hace pucheros como niña.
- Claro, de saber que ibas a venir, mejor ni vengo- responde mirándome a los ojos, tiene una mirada tan profunda que siento que puede leerme a través ellos.
Tiene unos ojos preciosos, la luz tenue de la alacena hace que el destello gris claro se encienda como lucecita en la oscuridad, algo que me esta gustando y a la vez atormentando.
-Sabes? - responde ayudándome a salir de mi ensimismamiento
-No te soporto...- lo dice en palabras tan sueves que se me remueve algo y a la vez me causa un poco de incomodidad, como si no fuera la primera vez que lo escucho
- pero tampoco puedo negar que de alguna manera me gustas- responde de la nada uniendo sus suaves labios con los míos.