La noche cayó con la crudeza del invierno, un viento frío y húmedo había comenzado a mover las copas de los árboles y la calefacción de aquel lujoso automóvil parecía no dar a basto. May no había hablado. Se había subido a la camioneta y ni siquiera se había animado a mirarlo. “Es una buena chica” se repetía en su mente con insistencia luchando por abolir esa nueva sensación de quererlo todo con él. Había conocido a su familia, su casa y la forma en la que lo trataban le confirmaba que era una buena persona, como siempre había sospechado. Recordaba la dulzura con la que había acariciado a su hermana Bianca con disimulo cada vez que había podido y todo lo que le gustaba de su cuerpo quedaba pequeño al lado de esa faceta que, ya no tenía dudas, amaba. Pero para él, ella era sólo una chi

