Capitulo 4

2006 Palabras
Mismo día. Lunes, 4 de septiembre 2023, 7:00 Silvia Me desperté inmediatamente al empezar a vibrar mi reloj. Miré a mi lado para comprobar que Antonio seguía profundamente dormido. Me levanté con cuidado y fui al baño. Hice un pis rápido, me enjuagué la boca y me peiné un poco. Pensé “Venga, Silvia, esta semana es importante, vamos a empezarla bien”. Me desnudé y me limpié el cuerpo con una toalla húmeda, no quería ducharme aún. Luego, apagué la luz y salí del cuarto de baño desnuda y me metí en la cama. Miré la hora, las 7:13, quedaban 17 minutos antes de que sonara el despertador así que perfecto para un polvo rápido. Empujé a Antonio llamándolo: - Nene, nene Pero él ni caso. Entonces le empujé más fuerte y subiendo mi tono de voz pero no demasiado para no despertar a Gema: - Antonio, despierta - ¿Qué? ¿Qué pasa? ¿La niña? El pobre reaccionaba como de esa forma porque llevábamos meses durmiendo fatal porque Gema era una niña muy llorona y quejosa, se despertaba varias veces por la noche y los dos andábamos medio zombis por eso. Le dije: - No, la niña está bien - ¿Ya es la hora? - Ya mismo - Puff, déjame dormir - No - Silvi, que estoy destrozado - Lo sé pero ya te lo dije anoche, esta semana estoy ovulando y es la mejor Antonio suspiró. Él quería esperar antes de tener un segundo niño pero yo no, Gema tenía ya 15 meses y era el momento, no quería que se llevaran tanto tiempo entre los dos hermanos. Antonio opinaba que, habiendo sido Gema tan problemática, necesitábamos recuperarnos antes de ir a por otro. Lo cierto es que desde que estaba Gema lo hacíamos poquísimo, los dos estábamos siempre cansados, pero yo no estaba dispuesta a esperar, y al final lo había convencido. Le dije: - Venga, ve al baño y te enjuagas la boca - ¿Para qué? - No me vas a follar sin besarme, y tu aliento no huele a rosas después de toda la noche roncando Le dije sonriendo. Él se quejó: - Yo no ronco - Ya, seguro… Anda, ve, que ya mismo suena el despertador y siempre vamos fatal de tiempo Antonio se levantó quejoso y lentamente, pero fue al baño. Volvió al poco y dijo: - Estoy yo como para hacer algo - Venga, túmbate, deja de quejarte, ni que tuvieras que cavar un túnel, solo es follarme - Pero lo mismo ni se me levanta, estoy medio dormido - De eso me encargo yo, túmbate Antonio se tumbó en la cama y rápidamente lo desnudé y me metí su polla en la boca. Estaba totalmente flácida pero rápidamente se puso dura. Me la saqué de la boca y le dije: - ¿Ves? Los tíos por la mañana siempre la tenéis dispuesta - Ya, pero… - Venga, ponte encima mía y fóllame Antonio obedeció y cuando me la iba a meter, le dije: - Pero bésame antes, tonto Nos besamos con mucha lengua, su boca sabía a enjuague bucal, igual que la mía. Noté una de sus fuertes manos acariciándome una teta, y me gustó. Le cogí la polla y la dirigí a mi coño. En cuanto me la metió empezó a follarme despacio, sin dejar de besarnos. Me notaba muy cachonda, como no había estado en mucho tiempo. Entonces, escuchamos a Gema quejarse desde la otra habitación. Era un puto reloj. Toda mi excitación bajó al mínimo. Antonio paró y le dije: - Venga, rápido, antes de que se despierte del todo - Pero… - Rápido, rápido Mientras le empujaba el culo para que me la metiera más profundamente. Antonio volvió a moverse y aumentó rápidamente el ritmo. Gema empezó a lloriquear. Antonio, nervioso, seguía moviéndose pero le costaba correrse. Por mi parte, ya no estaba nada cachonda, solo quería que terminara e ir a ver a la niña antes de que empezara a llorar de verdad, que entonces se complicaría toda la mañana. Decidí simular y le dije al oído: - Como me gusta, nene, que polla tienes, me encanta, sigue, sigue, me encanta como me follas Y empecé a gemir en su oído, sabía que eso le ponía mucho. Y funcionó, Antonio no tardó en correrse dentro de mí. Lo retuve unos segundos hasta que escuché como Gema gimoteaba un “papi, mami”. Empujé a Antonio fuera de mí y le dije: - Corre, ve a verla antes de que empiece a llorar Antonio meneó la cabeza y dijo: - Ve tú, me tengo que duchar - No puedo, me tengo que quedar así unos segundos, ya sabes - Puffff Vi como se levantaba con desgana y luego se ponía los calzoncillos. Salió de la habitación llamando tranquilizadoramente a Gema. Escuché como Gema dejaba de gimotear, había llegado a tiempo, y sonreí, había ido casi perfecto. Me había quedado con las ganas pero bueno, la semana iba a ser intensa, ya habría tiempo para unos cuantos orgasmos. Tras unos minutos dejando reposar el semen dentro de mí, me levanté, me limpié con una toallita, me puse el pijama y fui a por Gema para que Antonio se duchara y vistiera. Y como siempre, todo fue con prisas, una ducha rápida y desayuno aún más rápido mientras arreglaba todo para el día. Antonio salió antes para el trabajo mientras yo llevaba a Gema con su abuela. Luego cogí el coche y fui al trabajo, pero lo aparqué lejos para poder andar un rato porque tenía que perder como fuera estos puñeteros quilos de más que no conseguía quitarme de encima, no me podía quedar embarazada de nuevo con esos quilos porque ya se quedarían para siempre y eso no lo iba a permitir. Al llegar a la oficina estaba totalmente acalorada. Era evidente que necesitaba hacer más ejercicio, tenía que sacar hueco de donde fuera para volver a apuntarme al gimnasio o salir a correr, pero con Gema y el trabajo era imposible. Vi a Carlos ensimismado en sus cosas. Carlos, el mejor hombre que conocía junto a Antonio. Y como siempre me congratulé con mi suerte al empezar a trabajar aquí junto a él. Había empezado mi vida laboral creyéndome muy lista y que sabía de todo, pero con Carlos me di cuenta que en realidad solo sabía lo superficial. Él me enseñó con paciencia infinita, aguantando mi mal humor siempre con bromas. Carlos, con su mirada triste, siempre dispuesto a ayudar pero siempre solitario. Y lo entendía, después de lo que le había pasado en EEUU era normal, pero me apenaba no poder ayudarle, lo había intentado pero él no quería salir de su tristeza, le acompañaría siempre. Suspiré y me quité esa pena de encima, el día había empezado bien y tenía que seguir así. Lo saludé con humor y él respondió como siempre. Luego, fui con los chicos y vi la nueva cafetera y supe inmediatamente que era cosa de Carlos. Me hice la indignada pero como parte de nuestras chanzas, en realidad me encantaba, Carlos siempre escuchaba y actuaba pensando en los demás. El viernes pasado me había quejado del café de la máquina de recepción y nos habíamos puesto a hablar de lo malo que era. Carlos había dicho que a él le sabía bien, pero es que Carlos nunca se quejaba de nada. Habíamos bromeado sobre su mal gusto y ya está, ahí quedó la cosa, pero Carlos siempre escuchaba y anotaba todo, y ahí estaba el resultado. Nos tomamos un café juntos y seguimos bromeando, pero el café era buenísimo, no tenía nada que ver con la máquina de recepción. Cuando se fue, se lo agradecí por el chat y él le quitó importancia como siempre hacía. Entonces vi como Cristina se removía nerviosa. Ya se lo había notado durante el café pero ahora era totalmente evidente que algo le pasaba. Iba a preguntarle pero ella se levantó y salió de nuestra habitación. La vi pararse en el despacho de Carlos. Los miré extrañada. Observé atentamente la reunión. Cristina estaba visiblemente muy nerviosa, crispada, incluso temí que se echara a llorar, pero seguro que Carlos la estaba tranquilizando, se le daba muy bien escuchar y apoyar en malos momentos, sin perder la calma. Poco a poco Cristina se fue calmando pero entonces volvió a ponerse nerviosa y Carlos llamó a Héctor. Estaba claro que les iba a dar la noticia. Sonreí al ver la cara de sorpresa que ponían los dos. Héctor sonreía tímidamente pero Cristina casi no podía cerrar la boca de la sorpresa. Luego, Héctor se fue y Carlos y Cristina hablaron un poco más y entonces, ella lo abrazó y vi la cara de circunstancias que ponía Carlos, claramente incómodo por la situación. Me reí por dentro y pensé en reírme un poco de él y le escribí por el chat. Como me imaginaba, Carlos se había puesto muy incómodo con el abrazo pero a mí me había gustado el gesto de Cris. Y entonces Carlos me dijo algo que me dejó sorprendida, me dijo que confiaba más en mi criterio que en el suyo. Así era Carlos, te soltaba cosas de ese estilo sin saber lo mucho que podía significar para el otro. Pero luego lo estropeó con sus bromas tontas. Cerré el chat pensando que era muy tonto, un tío encantador pero muy tonto. Miré a los chicos que, emocionados, hablaban entre ellos, y les pregunté: - ¿Qué pasa? Los dos me miraron sonriendo y Cris contestó: - Carlos nos ha dado el contrato para que lo leamos - Ah, y contentos ¿No? - Uff, ya te digo - ¿Son buenas condiciones? - Creo que sí, muy buenas Cris sonreía ampliamente y Héctor, a su lado, callaba como siempre, aunque se le veía feliz. Les pregunté: - Y el sueldo… ¿Bien? - Oh, sí, mucho más de lo que esperaba, y me viene genial, dios, estaba… Entonces se calló poniéndose seria. Intuí que Cris no andaba bien de dinero y que era un tema delicado así que cambié de tema: - Y tú, Héctor, que no dices nada ¿Contento? - Ehhhh, sí, claro - ¿No te lo esperabas? - Pues…. No sé - ¿No sé? O te lo esperabas o no, es sencillo - No, bueno, no me lo esperaba ahora, esperaba que sería después de terminar las prácticas - Ya Los miré atentamente y les dije: - Ya sabéis que ahora como empleados, vuestras responsabilidades serán mucho mayores Los dos se miraron sin decir nada. Continué: - Seguiréis aprendiendo pero ya no seréis becarios, seréis como yo, una empleada más que debe ser productiva y resolver problemas Cris, algo preocupada, dijo: - Lo… lo sabemos - Bien, bien… Pero nos tenéis a Carlos y a mí para cualquier duda, ya sabéis lo que siempre decimos, no vayáis a lo loco, pensad, preguntad y entonces... - Actuad - Eso es - Lo haremos ¿Verdad, Héctor? Él asintió vigorosamente. Sonreí y dije: - Bueno, vamos a ver si trabajamos un poco ¿No? - Claro - Héctor, ven, que te voy a explicar esto para que lo hagas tú Héctor se levantó como con un resorte pero se paró al escuchar a Cris decir: - Muchas gracias, Silvia - ¿Por? - Por… por estar de acuerdo con nuestra contratación - No es un favor, es porque habéis cumplido y sé que vais a seguir cumpliendo. Además, me conviene para que me quitéis trabajo de encima, sobre todo si Héctor se digna a venir de una vez a que le explique esto Héctor saltó de nuevo y tropezó tirando unos papeles que se puso a recoger. Le guiñé un ojo a Cris que sonrió mientras Héctor, muy apurado, se disculpaba. Eran buenos chicos. Tras un rato explicándole, Héctor cogió la idea rápidamente y se fue a su sitio a realizar la tarea y yo me puse con otras.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR