Tres días después. Miércoles por la mañana Cristina Miré la pantalla con los ojos desorbitados “no, no, no”. Me invadió una oleada de pánico absoluto. No me podía mover ni respirar ni nada. Cerré los ojos y volví a mirar. “¿Qué he hecho?” miré rápidamente al despacho de Carlos pero estaba reunido con una mujer. No podía interrumpirlo. Dije con un hilo de voz: - Héctor Él, concentrado en su trabajo, no me escuchó. Repetí su nombre pero no podía hablar más alto. Mi pánico era total, estaba paralizada. Entonces, él levantó la cabeza, me miró y puso cara de susto. Se me acercó y preguntó: - ¿Qué te pasa? No le podía hablar, no me salían las palabras, solo señalé la pantalla. Él miró sin comprender. Dije con un hilillo de voz: - He… he borrado el servidor Neptuno1 Carlos llamaba a todos

