CAPÍTULO TREINTA Y UNO Mackenzie se sintió tan sorprendida como aliviada de que Benjamin no pareciera estar tan agotado como ella esperaba. Eran las 2:50 cuando le siguió de nuevo a la pequeña biblioteca que había en la parte de atrás de su diminuta iglesia. Benjamin parecía estar casi feliz de encontrarse allí, como si estuviera regresando a su lugar favorito en el mundo entero. “No tengo palabras para decirle cuánto le agradezco que se reúna conmigo a esta hora tan intempestiva,” dijo Mackenzie. Benjamin se encogió de hombros al tiempo que se acomodaba en el sofá. “Soy algo así como un ave de medianoche,” le dijo. “Cuando me llamaste, estaba preparándome para concluir con la noche.” “Haré lo que sea posible para que pueda volver a la cama cuanto antes,” le dijo ella. Mackenzie lleva

