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2265 Palabras

–Sam –escuché su voz y casi me arrepiento, pero ya no hay vuelta atrás. –Hola –murmuré –. Eh… Sabes, estoy cerca de la empresa y recordé la cafetería Margarita, bueno, ¿Quieres tomar un café? Y entonces hubo silencio, un tortuoso silencio que me hizo sentir como estúpida, no debí llamarlo, ahora parezco una loca acosadora. –Perdona si te moleste, olvídalo… –¡No! –me interrumpió –. Quiero decir sí, recuerdo la cafetería voy para allá, puedes esperarme, por favor. –Si, pediré una mesa –me despedí. Ay no, ni siquiera ha venido y ya estoy hecha un mar de nervios, bueno ya lo hice, asi que pedí una mesa y esperé un poco cuando Sebastián apareció. –Espero que no te haya interrumpido –mencioné. –No, para nada, sabes cómo es la oficina –me sonrió. Al final ordenamos unos batidos y pasteli

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