Había una bañera en uno de los pisos inferiores del hospital, donde practicaban un ejercicio bajo el agua, solo cuando el paciente lo requería. Dos semanas después de esparcir las cenizas, Lane hizo más de lo humanamente posible para finalmente levantarse de la silla. Odiaba estar sentado en esa maldita silla cada puto día, y hastiado, decidió levantarse con o sin ayuda. Cuando lo hizo, su cabeza dio vueltas y lo único que vio fueron puntos negros llenando el apartamento. Cayó. Se desplomó como un iceberg, y en el suelo, en la parte más baja donde alguna vez estuvo, tomó todo el poder que tenía en las manos y la fuerza de los brazos y levantó el pecho. Desde el suelo, solo quedaba una opción: levantarse. Dolió. Dolió como la noche cuando la hoja de sierra entró dos veces a su espalda. Dol

