Marcell subió las escaleras como el diplomático y el hombre elegante que era, y entró a la habitación. Cerró la puerta a su espalda y miró a Verity tendida en la cama. Con ella nunca hubo problemas. Nunca le alzó la voz, y menos la mano. No la insultó, no la maltrató ni la sublevó. No la menospreció ni la humilló. Con ella todo era bastante neutral y normal, y aunque le enojaba la forma en la que ella estaba haciendo las cosas con su ex novio, esa no era una razón de peso para que las cosas entre ellos cambiaran. Marcell solo buscaba respuestas, y se aprovechó del estado de ebriedad de ella para que le dijera lo que realmente pensaba. —¿Por qué conducía tu auto? —preguntó—. ¿Cuánto bebiste? Verity le dijo que solo fueron unas pocas cervezas. —¿Cuántas? —preguntó él. Ella estaba acos

