—Papi, por favor —imploró Maddie en el correo de voz número veinte—. Te necesito. No quiero hacer esto sin ti. Verity estaba junto a ella, con el vestido planchado para la tarde siguiente, y con el corazón enojado por Lane. Desde esa madrugada que llegó a gritarle que la amaba, Verity no supo nada de él. Maddie lo llamó por días, pero de Lane no se sabía nada. Ella pensó que podría no tener batería el primer día, pero los siguientes supo que se trataba de algo más, y que si Lane no era capaz de responderle a Maddie, no iría a verla en la obra. Era difícil para Verity como madre decirle a su hija que su padre era una decepción, y trató de no decirlo en esas palabras textuales. —Cariño, basta —dijo quitándole el teléfono de las manos y apretándolo a su muslo—. Lo llamaste muchas veces. Qu

