A Julia se le había pasado el tiempo entre anécdotas, las risas iban y venían con las pláticas del pelinegro, que resultaba que no toda su vida había sido un campo de rosas. — Así fue como conocí a Braulio, se convirtió en mi mejor amigo. — La verdad él me cae bien, además es mi pareja de baile y no me puedo quejar — dijo riendo la castaña. — Si, él siempre ha sido bueno en cómo atraer chicas. Julia levantó una ceja. — ¿Y cómo las atraes tú?. — No necesito hacer nada, ellas vienen solas. — Ah claro. Pablo sonrió extendiendo su mano para acariciar la mejilla de la castaña. — Pero ahora sé que me tengo que esforzar porque las mujeres que no llegan solas son las que valen la pena. — ¿Y yo soy una de esas mujeres?. — Eres la única Julia Valtierra. El pelinegro se acercó rozando los

