Franco Macilla observaba la llegada de los autos en los que Pablo Ornelas llegaba, claro que vendria protegido, el hombre no era tonto, debía temer que le hubiera dicho algo a su tío, pero Mancilla también habia aprendido a jugar aquellos juegos peligrosos, por eso se había empeñado en que fuera en su casa la firma de los documentos, la sesión de la herencia de los Ornelas a la esposa de Pablo Ornelas. Vio como el susodicho bajaba de unos de los vehículos para abrirla puerta, de la cual bajó una joven castaña, a Mancilla le sonaba aquel rostro, estaba seguro que debía conocerla pero ¿de donde?. Pablo sonrió enredando su mano con la de Julia, vio el rostro confundido de Mancilla pero esperaba que no tuviera inconveniente y que cuando le dijera a su tío fuera demasiado tarde para intervenir

