El sonido de las olas se escuchaba en la lujosa habitación del hotel, la brisa marina entraba de lleno por la ventana abierta. Julia observaba con el ceño fruncido el mensaje de texto que había recibido de aquel desconocido, en el texto solo rezaba una dirección y una hora. — ¿Será posible que sea él? — pensó en voz alta la castaña. Después de recibir aquel sobre con el boleto de avión y la nota que estaba segura que era de Pablo, había hecho las maletas al día siguiente y tomado el vuelo con la esperanza de verlo de nuevo, pero solo se había topado con más indicaciones y desde entonces había pasado un mes, un mes en aquel lujoso hotel en el que la trataban con la dueña. Hizo una mueca pensando que pasaría si un día dejaba de seguir las indicaciones. — Seguro manda a alguien para que la

