Eres una mala amiga.

2060 Palabras
El lunes llegó como un abrir y cerrar de ojos, llegué somnolienta a la oficina, con mi nuevo vestuario y un nuevo peinado, me gustó tanto verme arreglada que tenía que seguir luciendo de esa manera, ¿por qué desaprovecharlo? Iba con un ligero maquillaje y mi cabello suelto con ondas en las puntas, llevaba un jean n***o, una blusa de esas que usaban en las oficinas y un saco de tono azul que acompañé con unos zapatos de color café claro y de un tacón pequeño. Tenía todo planeado para mi día, pero lo único que no contemplé fue el acoso con el que me recibieron mis compañeros en presencia de John quién no movió un musculo para defenderme. —¿Entonces? Fue Tylor quién comenzó a hablar. —Vamos Mia, cuéntanos, ¿qué hiciste para llegar a este puesto? ¿cómo es el señor Carter? ¿eh? —Cierra la boca Tylor y déjame trabajar, tengo mucho trabajo por hacer, ¿por qué no van a trabajar? Dije terminando de redactar el informe que debía entregarle Brian hoy por la noche. Aquellos compañeros se reunieron a mi alrededor y no dejaban de tocar mis cosas, y tocar las teclas de mi computadora, estaba a milésimas de entrar en un colapso y mandar a todos a la mierda para que me dejaran trabajar tranquilamente. —¿Te crees importante por este puesto? Me golpeó Paloma por la cabeza haciendo que de la nada me levantase de mi asiento y la mirara desafiante. —Largo a trabajar —les ordené a todos molesta — y tú, maldita idiota, en tu puta vida vuelvas a tocarme o te juro te arrepentirás. Todos se me quedaron viendo asombrados, pero en lugar de hacer sus labores siguieron molestando y haciendo comentarios con doble sentido hasta que el señor Carter apareció gritando por la oficina. —¿Qué rayos creen que hacen? ¿tienen una fiesta o qué? ¿me les uno? Todos los que allí había salieron de prisa ante el enojo del hombre, pero yo, solo abrí los ojos cuándo me reclamó por el escándalo. —Lo siento señor Carter, intenté que se fueran, pero no me obedecieron, yo, lamento que haya visto tal cosa. —Vete a casa Mia, largo. "¿Está bromeando?" me dije a mí misma, pero al ver su rostro serio supe que no, me había corrido a una semana de haber iniciado mis labores con él. —Bien. Dije y recogí mis cosas, pasé a su lado sin mirar atrás dejando el ordenador encendido, el celular y la agenda, llegué a la planta principal del edificio y allí estaba Tylor burlándose de mí por haber sido despedida. —¿Ahora qué harás?, tienes tan mala suerte amiga. Caminé hacia él y le proporcioné un golpe rompiendo su nariz. —Ahora somos dos con mala suerte, idiota. Salí del edificio rumbo al parqueo que estaba detrás del edificio, estaba tan molesta que se veía aleguas, podía jurar que hasta humo salía de mis orejas cual caricatura. —Joder, está loco, está loco. Decía entrando al auto para marcharme del edificio sin mirar atrás, mi orgullo no me dejaba siquiera llorar de enojo. —¿Qué pasó? Preguntó mamá al verme llegar temprano. —El bipolar de mi jefe, eso pasa mamá, me ha despedido y todo por culpa de mis estúpidos compañeros, pero esto se va a quedar así madre, me las pagarán, juro que lo harán. —Mia, ¿qué pasó? ¿por qué culpas a tus amigos? —Porque sí madre, ellos no dejaban de molestarme, se aprovecharon que el señor Carter no estaba en la oficina para hostigarme y John no hizo nada por defenderme, estoy tan enojada madre, te juro que me enoja lo que piense que me he acostado con el señor Carter. —Entiendo Mia, hablaré con el rector de la universidad. Que mi madre hablase o no con el rector me daba igual, lo que no me daba igual era haber sido despedida en tan poco tiempo y por algo que yo no había provocado, era totalmente injusto que el señor Carter hubiese hecho tal cosa conmigo sin preguntar qué estaba pasando. Todo empeoró cuando llegué a la universidad, Tylor no dejaba de burlarse de mí, al igual que Ana, estaba al borde de explotar y hacer una locura, estaba cansada de ser humillada por esos dos. —Tylor, Mia, sus trabajos, pasen por favor. Tylor pasó de primero y yo fui después, mi nota, era una nota perfecta como todos los trabajos que entregaba. —Mia, felicidades, hay alguien que quiere comprar tus diseños, vendrá a verte la próxima clase. —¿Habla en serio profesor? Respondí emocionada. —Así es, ha visto tus diseños y le han encantado, trae contigo los diseños que hayas realizado en una carpeta para que él señor Maclover los revise. Escuchar hablar de Luan Maclover hizo que por poco me desmayara, conocería su trabajo de cerca, sus inventos y los autos que desarrollaba, siempre mejorando y sacando lo mejor de cada uno de ello, si viviese en Nueva York mi pasantía sería definitivamente en su empresa. —Claro, claro, muchas gracias profesor, los traeré. Tomé asiento sin dejar de ver la calificación que estaba escrita en la hoja, me llenaba de orgullo saber lo capaz que era y lo que podría hacer con mis manos y mi cabeza. —¡Esto es un sueño! Me dije en mis adentros cuando salí del salón para irme a casa después de mis clases. Llegué al parqueo y allí estaba Lucy junto con Tylor esperando cerca de mí auto. "Maldición, solo esto me faltaba" —me recriminé molesta. Llegué hasta donde ellos estaban y de la boca de Tylor salió. —¿Cómo haces para que la gente quiera tus diseños? —Yo que sé —respondí —me gusta diseñar, supongo que por eso es. —O ¿hay algún trasfondo que no nos quieres decir. —¿Brujería? Pregunté con burla. —En serio Mia —dijo Lucy —¿qué rayos estás haciendo para obtener tantos trabajos e intereses de los demás? —¿Qué rayos quieren que les diga?, no lo sé, vayan y le preguntan al profesor, dejen de fastidiar. Entre al auto y me fui a casa aún más molesta de lo que ya estaba, hice mis cosas tiradas en el piso sin importar qué había allí de valor. "¿Hasta cuándo? ¿hasta cuándo tendré que soportar esto?" Estaba tan desilusionada, estaba teniendo un golpe de suerte gracias a mis buenos diseños, ¿qué había de malo en eso?, no sería la única chica a la que le iría bien en la universidad o en alguna empresa, ¿por qué juzgar el talento? Eran tantas preguntas que recorrían mi cabeza haciendo que derramara lágrimas. Por a noche salí al supermercado con mamá a hacer las compras para el mes y ahí estaba Lucy haciendo algunas compras, se acercó a nosotras y saludó muy amable a mamá, yo la ignoré y fui a por algunas frutas. —¿Hasta cuándo seguirás con esas actitudes? —Hasta que dejen de fastidiar mi vida, Lucy, hasta entonces seguiré así. —Entiende Mia, solo tenemos curiosidad, te está yendo muy bien. —Pues tú y tu curiosidad se pueden ir al demonio, no me interesa saber de ti. —Eres una mala amiga Mía, esas cosas no se dicen. Solté algunas carcajadas fuertes y llenas de sarcasmo. —Pues mira que pensamos exactamente igual, las cosas que ustedes dos han dicho de mí, no fueron correctas y aun así no les importa, ahora es mi turno de decirte que, por más que vengas a rogarme no me importas tú o Tylor, ambos para mí no están, no existen. Pasé por su lado y fui directo hacia mi madre, coloqué las frutas en el carro del supermercado y me quedé allí en silencio. —Siento que tengas que pasar por eso hija, no es justo para ti, pero si te sirve de consuelo, te están molestando por envidia, eso es todo. —Sea cual sea el motivo, no me importa mamá, me lastimaron y eso no se hace, aunque sea en chiste, no ando acostándome con cuanta persona me encuentre, te juro que no mamá, es más aún ni siquiera he conocido a un hombre desnudo. —Lo sé hija, tu vida conmigo ha sido diferente a cualquier chica de tu edad, eres una chica de casa siempre estudiando y haciendo algunos trabajos para ayudarme. —Quiero ser la mejor mamá, darte un futuro como el que tú me has dado. Me arropó en sus brazos y besó mi frente con felicidad, ella sabía muy bien que mi objetivo era retribuirle tanto como ella lo hacía conmigo sin poner "peros" de por medio. —Lo tengo siempre presente hija, pero no es necesario, me interesa que tengas un buen futuro —Buenas noches —un hombre se acercó a nosotras y le alcanzó la cartera que a mamá recién se le cayó del bolso cuando sacó su celular —creo que esto es suyo. Mamá le sonrío. —Sí, muchos gracias. —No hay de qué hermosa. Tapé mi boca aguantando la risa, le había dicho hermosa a mamá frente a su hija, miré a mi madre y esta estaba con su cara avergonzada. –Oye, mamá, ahora que te han dicho hermosa, dime, ¿has pensado en volverte a casar?, estás joven mamá. —¿Qué cosas dices hija?, yo no tengo tiempo para esas cosas. —Pero si aún estas joven mamá y luces preciosa, lo confirmó aquel hombre de atrás. Miró hacia atrás y el hombre le sonrío, no me respondió a mi pregunta, solo me dedicó una sonrisa y una negación con su cabeza. —Vamos tenemos que llegar a casa, necesito terminar un trabajo. —¿No vas a decir nada?, yo quiero verte feliz mamá. —Y ¿quién dice que para ser feliz necesito a un hombre? —No quise decir eso, solo que te miro a veces sola y no me gusta, mamá. —Estoy bien Mia, además te tengo a ti ¿no veo el problema? No quise llevarle la contraria, si ella decía estar bien, debía creerle, aunque a mi parecer fuera distinto. —¿Quieres que conduzca? ya es muy tarde mamá. —Sí. Habló metiendo las bolsas que faltaban del supermercado en la cajuela del carro. Al salir del estacionamiento, a lo lejos, a unos cincuenta metros, vi el rostro del Señor Carter, detuve un poco el auto y el hombre desapareció en un auto muy distinto al que siempre lo vi andar. "No, no es él" —me dije con seguridad. No obstante, al creer que aquel hombre era mi ex jefe me dio por recordar su forma de actuar y en la forma en que me habló frente a John. "¿Cómo se atrevió?" — apretaba con furia el volante. —Hija, ¿quieres que conduzca yo? estás alterada, al parecer. —No mamá, pasa que me acordé del señor Carter y mi buen humor se esfumó. —¡Mia! —Te juro mamá que estoy aguantando las ganas de insultarlo, estoy al límite de decirle lo que pienso de él, te juro que intento tragarme mis palabras y mis ganas por llamarlo y gritarle. Mamá sonrió burlándose de mí, pero no le encontraba la gracia, mi enojo había vuelto y solo por haber recordado su cara. —Debes tener paciencia, seguro te volverá a llamar para disculparse contigo, algún inconveniente tuvo que surgirle para que estuviera de mal humor. —Sea lo que sea, mamá, no tenía derecho de gritarme y mucho menos despedirme injustificadamente. —¿a quién sales con ese humor hija mía? —A ti mamá, ¿a quién más? y no puedes quejarte, tendrás que aguantar mis quejas lo que dure el viaje hasta casa, quiero sacar este enojo que siento. Mamá se bajó del auto de prisa ya loca por todo lo que le dije durante el regreso a casa, subí a mi habitación y tomé un baño relajante para calmar mis emociones y dormir con tranquilidad. —No vas a arruinar mi baño, eso sí que no señor Carter, no señor.
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