Esa tarde salí de clases, me detuve a la salida de la universidad en busca del señor Carter y sus amenazas. "No está" —dije riendo triunfante. —¿Quién no está Mia? Preguntó él detrás mío, haciéndome saltar y resbalar de las primeras gradas que daban acceso al parqueo. Carter me sostuvo con fuerza pegándome a su cuerpo sin dejar de mirarme —¿vas a responder? "¿por qué él? ¿por qué yo?" Este juego no me estaba gustando en lo absoluto. —¿Me-me puede soltar señor Carter? Dio unos pasos hacia atrás y soltó mi cuerpo, sacudí mi ropa que se había desubicado por el agarre al que fui sometida. —¿Vas a responder a mi pregunta? ¿creíste que no soy capaz de cumplir mi palabra? te lo advertí Mía. —No comprendo señor Carter, ¿qué desea de mí? —Pediste una explicación, te la daré, ¿a dónde qui

