Los días siguientes los alumnos continuaron con los pesados entrenamientos. Artemis cada día llegaba quejándose más y más. —No quiero moverme— se quejó el Beta cayendo sobre la cama, se había dado recién una ducha. —¿Están muy pasados los entrenamientos?— le preguntó Christopher después de escuchar las mil quejas de su amigo. —¿Pesados?. Estos tipos van a matarnos— le dijo Artemis—. ¿Cuánto te queda del celo?. Te extraño. Christopher sonrió. —Me quedan sólo dos días— le sonrió el Omega—. Y voy a ir más atrasado que todos ustedes. —El profesor dijo que te hará un programa especial para ti. Además no eres el único, hay otro Omega que comenzó hace poco con su celo. —Al menos no estoy solo. Era hora de la cena, por lo que Christopher debió comer en la habitación mientras su amigo iba a

