Capítulo 4

1407 Palabras
Despierto desorientada y la sensación de déjà vu se apodera de mi mente, pero es rápidamente desechada por el inquietante reconocimiento o más bien, falta de reconocimiento del techo que estoy viendo. ¿Dónde rayos estoy? Lo último que recuerdo es que fui a la oficina del anciano ese y... Y después... ¿Qué ha pasado? ¿A caso nos acostamos y esta es su habitación? ¿Por qué me siento tan mal? ¿Por qué me duele todo? ¿Pudo haberse aprovechado de mí? No creo, no sería capaz de hacerlo. No tenía cara de ser de esos. ¿O sí? Además, ni siquiera puedo moverme, así que dudo mucho haber sido capaz de ser colaborativa. Tocan la puerta y sólo soy capaz de medio graznar un "pase" antes de que el anciano entre y me mire divertido. - ¿Qué? -Nada, sólo te miro. -¿Estás tratando de descifrar si voy a denunciarte? - Digo en tono molesto y su sonrisa se hace aún más grande. Quisiera poder borrarle esa maldita expresión. -Quizá, pero dime ¿exactamente por qué vas a denunciarme, mocosa? - pregunta ladeando la cabeza, genuinamente interesado. -No creo que pensaras que era una mocosa mientras te acostabas conmigo. - Su cara es un poema y por lo menos tiene la delicadeza de sonrojarse. -¿De qué rayos hablas? ¿En qué momento me acosté contigo? - expresa en lo que es una furia apenas contenida. - ¿En serio vas a negarlo? -¡Pues por supuesto! ¿Cómo voy a afirmar algo que no hice? -Eres un poco hombre. ¿Si no es así por qué estoy en tu cama sin poderme mover y sin recordar nada? ¿Qué me hiciste? -Yo nada, créeme. Si algo hubiera pasado entre nosotros, te aseguro que no podrías ni moverte, pero lo recordarías perfectamente. - contesta y se acerca peligrosamente a mi cuello. Está demasiado cerca y sé que si me toca voy a gemir. ¿Cómo puede alguien gustarte tanto y darse a odiar con la misma intensidad? -Ya quisieras, anciano. -Igual que tú, mocosa. Pero dime ¿por qué no te puedes mover? ¿De verdad no recuerdas nada?- pregunta mientras se aleja y me mira preocupado. -No. -Bueno, supongo que es un alivio estar en el hospital. Iré a llamar a la enfermera para que te revise. Dicho esto, sale y siento que no hay piedra en el mundo suficientemente grande como para ocultarme debajo. Analizo todo lo que está en mi campo de visión y sé que dice la verdad. La televisión está dispuesta de una forma extraña para una casa y los barrotes de la cama parecen gritarme que soy una tonta por no haberlos visto antes. Liam vuelve seguido de una doctora de aspecto cansado y un par de enfermeros. ¿Por qué los enfermeros? - ¿Cómo te sientes? -Como si me hubieran atropellado con una camioneta. -Bueno, creo que eso fue más o menos lo que pasó. Pero dime cuál es tu nombre y a qué te dedicas. -Me llamo Samantha Miller y estudio Leyes en la Universidad de San Ángel. Acabo de iniciar el penúltimo semestre y pronto terminaré los créditos. -Muy bien, Samantha. ¿Sabes dónde estás? ¿Recuerdas cómo llegaste aquí? Trato de hacer memoria sobre eso, pero sólo recuerdo al anciano ese entre mis piernas y el color me sube al rostro. Lo miro un segundo y siento que él está pensando en lo mismo que yo: su cara entre mis manos y casi nada de espacio entre nosotros. -No lo recuerdo. - susurro un tanto confundida, luchando por sacarme su imagen de la mente. -Bueno, no importa. Tu esposo te trajo aquí, al Saint Louis General Hospital, porque tenías un corte muy feo en la rodilla, que no dejaba de sangrar y estabas llena de Vicodin. ¿Sabes quién te dio el medicamento? -Porque estaba caducado y te hizo una reacción. Además, tenías más del que debería administrarse en dos días. -Ah, ya veo... espere, ¿cuál esposo? - pregunto de pronto alterada. -Samantha, cálmate. - dice el anciano y creo que entiendo todo. Él les dijo que era mi esposo. ¿Qué rayos le pasa? -No necesitan preocuparse, esta clínica es bastante discreta y no diremos nada ni los vamos a juzgar. En estos tiempos ya no estamos para prejuicios morales. -Sí, pero... -Como te decía, te hizo una reacción y por eso el efecto fue aún mayor. Además, te pusiste como fiera cuando tratamos de suturar tu herida, por lo que tuvimos que sedarte un poquito más. Creo que es por eso que te duele todo y te sientes así. -Ya veo. -Así es. Pero debo decirte que, aunque el corte era bastante profundo y tuviste suerte de no cortarte una arteria, hice todo lo que pude para que la cicatriz sea mínima. Aunque es bastante inusual un corte en forma de "S", hasta combina con tu nombre. -Le agradezco. ¿Cuándo cree que pueda irme? -En un par de horas. Sólo debes dejar que termine el suero y luego tomar una ducha, si quieres. Llevar dos días sin bañarse puede llegar a ser bastante incómodo. -¿Dos días? - pregunto y siento que voy a morirme. -Así es, pero tu esposo ha estado casi todo el tiempo contigo. Y también una chica. -Saori. -Creo que sí. Bueno, te dejo para que descanses. En cuanto cierran la puerta, Liam me mira divertido y quiero morirme. Pasamos un rato sin hablar hasta que el suero se termina y una enfermera viene a quitarme la vía, para poder bañarme. Aunque ya tengo más movilidad, sé que no podré hacerlo sola y él me ayuda a llegar al baño. -En mi defensa, debo decir que me vi en la obligación de decir que eras mi esposa por la situación en la que tú nos pusiste. - susurra mientras me deposita sobre el inodoro y prepara el agua de la ducha. -¿Cuál situación? -Ah, bueno, tú sentada a horcajadas sobre mí en la camioneta, pidiendo que te hiciera cosas muy sucias en lugar de venir al hospital. -No te creo, eso no pasó. -¿Por qué te mentiría? ¿Qué me gano yo, más allá de una compensación por ser un esposo abnegado? -¿De qué hablas? -Ah, bueno. Casi golpeas a la doctora y a una enfermera cuando llegamos, así que tuve que acceder a que me manosearas frente a todos para que te pusieran anestesia y pudieran detener el surtidor de sangre que tenías por rodilla. -No es cierto. -Si no es cierto, Samantha, ¿cómo es que sé que tienes un diminuto lunar entre los senos?... ¿Cómo es que sé que ni siquiera caben en mis manos? - lo último lo dice tan bajo frente a mí que, de nuevo, no estoy segura de si lo ha dicho o es mi imaginación. -Anciano, eres un cerdo. Ahora vete y déjame ducharme. -No puedo, no es que quiera verte desnuda, pero temo que te caigas, ya he tenido suficiente cuidando de ti estos días y no quiero seguir siendo niñero de nadie. -Como sea. Trato de concentrarme en la ducha, pero sus palabras me distraen y sé que no miente sobre el lunar. Además, todo el maldito lugar huele a él y el calor del vapor no me ayuda. Me lavo como puedo, ignorando la humedad entre mis piernas y haciendo todo lo más rápido posible para que me den el alta e irme al campus para hablar con mi amiga. Liam me lleva hasta su coche y en cuanto abre la puerta confirmo que no mentía respecto a nada: las vestiduras, generalmente de un n***o inmaculado, están llenas de sangre seca por donde se supone que estuvo mi pierna izquierda y quiero morir de la vergüenza. ¿Cómo pude besarlo y todo eso sin siquiera recordarlo? Cuando llegamos a la casa de la fraternidad me ayuda a llegar hasta mi habitación y agradezco que sea hora de clases, porque si no tendría mucho que explicar. -La llevaré mañana a las curaciones, señora Johnson. Sin darme tiempo a contestar se va y me deja sola. Y para completar mi mal humor, veo que mi teléfono está en la cama con un mensaje: "El sábado tienes que venir a casa. Hay una cena y requiero tu presencia, procura no llegar tarde ni avergonzarme."
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR