El camión se tambaleó por la autopista interestatal. A pesar de nuestros esfuerzos, no estuvimos listos hasta media mañana y llegamos a la hora del almuerzo a San Luis. Ahora estábamos esquivando pequeños pueblos en el interior del oeste de Missouri, y dudaba que llegáramos a la frontera de Kansas al anochecer. Desde mi lugar en el lado del pasajero -había dejado que Rick se turnara para conducir mi camión- me apoyé en la puerta y miré la cabina. Compartiendo el asiento con Rick y conmigo, Brandy y Mikey, con el mismo cinturón de seguridad, se inclinaban sobre un libro de ilustraciones. Roscoe se acurrucó en el suelo, con la cabeza apoyada en mi rodilla. Le froté las orejas mientras él babeaba en mi pierna. Era un ambiente apretado, pero lo hicimos funcionar. "¿Cuánto crees que avanzarem

