Capítulo VII

685 Palabras
—Insisto en que esto es una completa estupidez —gruñó Elías mientras que nosotros nos encargamos de meter la comida en los bolsos. Una vez que le había dicho a Dante que debíamos irnos enseguida habíamos expuesto los hechos. Estábamos en peligro aquí aunque también lo estaríamos afuera con esas cosas sueltas buscando asesinarnos. La diferencia es sin duda que afuera tendríamos más oportunidad de supervivencia, somos 5 ante cualquier cosa que venga a atacarnos. Aquí abajo podríamos morir aplastados sin ninguna posibilidad. — ¿Quiéres quedarte y morir aplastado? —expuse con fastidio. —Nada asegura que habrá un terremoto, tú, jovencita has perdido la cabeza —gruñó Agnes. Y yo me limité a entornar los ojos. — ¿Por qué demonios le creen? —preguntó frustrado Elías—. ¿Por qué tenemos que irnos? —Si quieren quedarse es su decisión —murmuró Bethania tan fastidiada como yo—. Nadie los obliga, es una sugerencia. — ¿En serio le crees? —inquirió una vez más Elías acercándose a la pelirroja para tocar su brazo de forma evidentemente lujuriosa. Sus ojos lo demostraban. Automáticamente me sentí asqueada de él y casi aparté la mirada. Pero al parecer Bethania se sintió de la misma manera pues le envió una mirada envenenada apartandose de su toque. —Vuelve a tocarme y será lo último que toques en la vida —gruñó ella—. Además nos harías un favor si te quedaras aquí y nos libraras de tu fastidiosa presencia. Antes de que ella pudiera apartarse Elías la tomó del brazo apretándola contra su pecho de forma lividiminosa. En sus orbes se notaba la malicia y el deseo lujurioso, sucio y pecador. —Lo estás deseando —le susurró cerca de su boca mientras Bethania ponía sus manos en su pecho tratando de alejarlo. Entonces de forma inesperada Dante le dio un empujón que lo hizo caer al suelo. Elías lo fulminó con la mirada antes de levantarse otra vez con la mandíbula apretada. — ¡No es tu jodido asunto, fenómeno! —Ella te dijo que no la tocaras —soltó Dante encogiéndose en hombros más calmado de lo que parecía pues claramente podía ver la furia en su expresión. — ¡¿Ahora qué eres el guardián de las zorras?! Entonces Dante le soltó un puñetazos en la mandíbula que una vez más lo envió al suelo. Su gesto era imperturbable incluso cuando Agnes le comenzó a llamar salvaje. Elías lo miró con ojos enloquecidos y cuando pensé que se firmaría una pelea, este se frotó la mandíbula sin dejar de fulminar con la mirada a Dante. —Si respetaras a las mujeres este tipo de cosas no pasarían. —Maldito bastardo —gruñó Elías en voz baja pero Dante lo ignoró girándose en dirección de nosotras. — ¿Están listas? —nos preguntó como si nada y de inmediato asentimos. —Muy bien. »Lo único que tienen es que saber que de aparecer una de esas cosas debemos apuñalearlo justo en la boca del estómago como hizo Bethania con sus tacones ¿Entendido? —Por supuesto —le respondió la pelirroja llendo a su lado con una sonrisa de orejas a oreja, probablemente por lo que había hecho por ella hace segundos. Algo se revolvió en mi estómago ante su cercanía y después de aceptar el cuchillo que Dante me tendía les di la espalda para tomar mis lentes y colocarlos sobre mis ojos. — ¿Todo listo? —volvió a preguntar él solo que esta vez se refería únicamente a mí así que asentí en silencio introduciendo el cuchillo en el bolso que llevaba y tomando la colchoneta enrrollada. Todo esto bajo la mirada penetrante de él, podía sentirlo. Me estremecí ligeramente ante esto pero no me giré a mirarlo. Fue así. Entre las quejas de Elías y Agnes donde comenzamos a ascender por las escalerillas. Mientras nosotros nos mantuvimos en silencio. Siempre al pendiente de nuestro alrededor. Mi corazón latía desbocado pues sabía que estábamos ante un inminente peligro que probablemente sería silencioso pero no podíamos arriesgarnos.
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