Ahora entendía lo que Uriel me había dicho. Que todo saldría bien. Él probablemente no podía decírmelo a ciencia cierta. De repente un terremoto devastador azotó la tierra mientras ellos acendían sin embargo aunque caí al suelo raspándome nunca aparté la mirada de él. Acto seguido sentí como mis ojos se llenaban de lágrimas mezcladas con la felicidad, angustia y anhelo. Ahora ni podía hacer nada sino tratar de sobrevivir y rogar porque Dios tuviera misericordia de mí al ser tan rebelde. Una vez más Jason me salvó de una piedra que estuvo por golpearme pero al golpearme la cabeza por el movimiento brusco terminé desmayada sobre el árido suelo. Cuando volví a abrir los ojos debido al sonido de un montón de truenos y relámpagos en cielo para después percatarme que no estaba en el sitio

