Durante la escasa hora que tuvimos de vigilancia por ser los primeros al principio los chicos no se habían dormido, incluso bromearon sobre nosotros varias veces pero Dante los ignoró olímpicamente y por mi parte mis mejillas se colorearon de vergüenza. Por suerte la media hora restante todos cayeron dormidos por el cansancio acumulado por la caminata. Salvo por una persona aparte de nosotros. Uriel. Quien de vez en cuando nos enviaba indesifrables que más de una vez me hicieron estremecer, era como si su mirada pudiera traspasarme y ver más allá de lo que se ve a simple vista. Dante por su parte como a los chicos, lo había ignorado el resto de la noche pareciendo pensativo. Su actitud llamó mi atención pues normalmente no se quedaba pensando algo demasiado tiempo. Mi mano ac

