Capítulo I

2268 Palabras
Todo es efímero pero ahí está la verdadera belleza, la felicidad se va un suspiro pero como se anhela una vez que se esfuma. ¿Cuál es el amor que nunca se olvida sino el breve? Se queda adherido en las venas y se intensifica con cada respiración dándole pasó a la melancolía implícita en cada recuerdo. Eso es el ser humano. Un cúmulo de emociones inolvidables. Nos aferramos al ayer y al mañana con uñas y dientes, sin embargo nos olvidamos del hoy perenne y por más que queramos vivir un día a la vez, nuestra cabeza va más allá de la actualidad y en breve nos damos cuenta que en ellos se nos va la vida. Adiari Rodríguez La operadora hablando en un perfecto alemán. El sonido de las cajas registradoras abriéndose y cerrándose. El balbuceo constante, las comadres chismoseando, una madre perdiendo la paciencia con un niño revoltoso o el susurro angustiado de un adolescente al que su madre ha dejado esperando en la fila para pagar y es su turno. Todo parecía perfectamente normal, no obstante no teníamos ni idea de lo que estaba próximo a llegar. —Dios, es tan lenta —se quejó la señora Agnes detrás deal cliente al que estaba atendiendo. Me abstuve de entornar los ojos. Daba igual si me defendía o no, para Agnes todos éramos pecadores e imperfectos, solo su familia y ella valen realmente la pena. —Ignórala bella, ella normalmente es así —susurró la mujer a la que estaba atendiendo y le sonreí. Por lo general las personas en Preitonbell o simplemente Preiton, eran muy hospitalarias y felices, pero como en todos lados hay sus excepciones. El claro ejemplo es Agnes. —Lo sé de antemano, por desgracia —le susurré de vuelta y ella se rió al igual que yo había hecho. Esto pareció enojar a Agnes puede gruñó antes de hablar una vez más. — ¿Qué tanto chismorrean? ¿Debería llamar al supervisor? Y ¿Cómo no sentirse apoyada si el supervisor no se trataba de otro sino de Elías Alfaro, su nieto? A quien por cierto todos aquí nos molestaba su presencia. Primeramente por manos largas. A casi todas las chicas las ha tocado o coqueteado, sin embargo a mí nunca me lo ha hecho y que bueno porque de ser así lo hubiera golpeado. La segunda razón de estarlo es por lo que leído que es y eso que no se trata de el dueño del súper, él es un simple empleado con un cargo más alto así como su ego. —Estoy trabajando señora Alfaro, no chismeando, espere su turno y será atendida con gusto —murmuré chequeando los víveres y claramente pude oír Agnes bufar y hablar algo sobre el mal servicio. Enseguida la ignoré no queriendo que me afectaran sus palabras. Gracias a que este es el único súper en Preiton conozco a casi todas las personas del pueblo, aunque llevo poco tiempo aquí. No soy alemana sin embargo algo me había impulsado a venir aquí y ya llevo un par de meses desde mi llegada. En cuanto terminé de atender a la mujer enseguida la señora Agnes tomó su lugar dándome una mirada de censura a la cual no hice caso. — ¿Qué va a llevar la señora Alfaro? Ella no me respondió sino que siguió dándome la compra en silencio y con su mirada desaprobatoria. Me mordí la lengua para no bufar mientras pasaba los alimentos por el chequeador pero de repente ella habló otra vez, como no para hablar mal de alguien pero el nudo se me hizo en la garganta al ver de quién se trataba. —Sinceramente no entiendo porque no se va del pueblo, nadie lo quiere aquí —soltó en tono ha sido la mujer y mis ojos se fueron en dirección a él. Tan alto como lo recordaba. Su torso estaba infundado por una chamarra de cuero negra encima de una camisa blanca que lo hacía lucir sumamente atractivo. Además llevaba un pantalón de jeans que se ajustaba perfectamente a sus piernas poderosas y por último unas gomas color n***o. Todo él lucía imponente y salvaje, incluso sus masculinos rasgos. Como había dicho Agnes, nadie lo quería aquí aunque a ciencia cierta no sé porqué. Lo único que manejó es la atracción fatal que hay entre nosotros al momento de mirarnos. Es algo íntimo. Intenso y casi no podía manejarlo… Incluso aunque apenas supiera su nombre completo el cual estaba en la lista de personas no gratas. Las chispas surgen de repente, un montón de mariposas revolotean en mi vientre, mis pechos se sienten pesados y mi respiración se agita más. Es como si de alguna manera tuviéramos que estar cerca para que mi alma esté en paz. Lo cual es completamente extraño porque como dije antes no sé nada de él. Ni siquiera hemos hablado antes de hecho jamás hace la fila para ser atendido por mí, aunque constantemente nuestras miradas se encuentran. Cosa que sin duda me decepciona pues parece que hace todo lo posible por no estar cerca. ¿O lo estoy inventando? Posiblemente sea así, es probable que no sienta lo que yo pero en cuanto nuestras miradas se encuentran me hace olvidar todas las probabilidades. Como justo ahora pues al parecer sintió mi mirada sobre él. Estoy atontada. Dominada por su imponente presencia, no importa que estés tan lejos de mí. Mi cuerpo lo siente cerca. Tiene un poder extraño sobre mí que me inquieta. — ¡¿Estás mirándolo?! ¡Haz perdido el juicio muchacha! —exclamó Agnes y enseguida me ruboricé pues su grito llamó la atención de más de uno, incluido él, quién posó sus ojos turbios sobre mí erizando el vello de mi nuca. No voy a estar más avergonzada en estos momentos. —Señora Agnes , baje la voz, solo fue una mirada —susurre de inmediato pero esto no la detuvo. —Una mirada que te condenará al infierno… Entonces comencé a escuchar el jadeo a coro de la gente quienes mantenían la vista en los televisores detrás de ellos. Enseguida busqué con la mirada qué les parecía tan impresionante y quedé completamente perpleja ante lo que mis ojos veían. La declaración de estado de emergencia en varios países del mundo. Las personas se estaban muriendo de hambre, saqueaban y se mataban los unos a los otros para poder comer. Estaban fuera de control. La peste que había azotado al planeta había dejado un desajuste económico crítico en cada rincón del mundo y unos se veían más afectados que otros. La claridad me golpeó de repente creando una extraña incertidumbre dentro de mí. Esto yo lo había visto. Este era el sueño que veía en mi cabeza por las noches. No se trataba de otra cosa que la ruptura de los 7 sellos, y esta ruptura subes significado algo mucho más grande… El fin del mundo. El temido apocalipsis. Mi corazón latió debocado, aterrado de lo que iba a pasar a continuación. — ¿Qué te pasa, muchacha? Estás pálida —afirmó Agnes. Y todo se detuvo en ese momento. — ¡Vienen por nosotros! —gritó alguien haciéndome salir de mi estupor mientras que veía como los trabajadores del súper trataban de bajar la santa María para cerrar y protegernos de algo que no podía ver. Para ese momento todo se encontraba hecho un caos, más mujeres gritaban y los hombres estaban confundidos y nerviosos tal y como yo. ¿Quién viene? Solo pude preguntar en mi cabeza antes de escuchar el sonido de cristales romperse seguido de gemidos y gritos que cada vez se hacían más fuertes, mucho más cercanos desestabilizando mi respiración. Miré a mi alrededor y contemplé como todos empezaban a saquear la tienda en medio del caos y ni siquiera pude moverme, estaba paralizada de pie frente a mi cubículo. La gente a mi alrededor gritaba movidos por una desesperación sin cara que no comprendía pero que pronto iba a ver. Sentí un tirón en mi vientre en cuanto empecé a escuchar los golpes de las personas detrás de la Santa María y mi corazón se detuvo cuando ésta fue rota causando un fortísimo estruendo. Vi todo en cámara lenta y el recuerdo de mi madre vino a mi mente de golpe. Fue en ese preciso momento que reaccioné cuando observé como un montón de hombres entraban por la Santa María rota, acto seguido las náuseas me golpearon al igual que la desesperación. — ¡Mamá! —gemí con agonía y mi loca cabeza hizo que mi cuerpo se moviera en la misma dirección donde ellos estaban. Era ilógico. Incluso estúpido. Pero la necesidad de saber que ella estaba bien destruía mi racionalidad por completo. De repente sentí una mano tirar de mi muñeca causando que mi pecho chocara contra uno fuerte y cálido robándome el aliento. Envuelta en el shock de lo que estaba pasando y las lágrimas que salían a borbotones de mis ojos no pude ver quién había detenido ni inminente muerte pero sí pude captar su aroma a madera y a hombre. Mi corazón dió un salto sin embargo mi cabeza una vez más fue en dirección a mi madre. ¿Dónde estaría ella? ¿Estaba bien? Tiré de mi mano para liberarme de su agarre no obstante fue imposible hacerlo, su fuerza era descomunal y su mano firme. — ¡Suéltame! —Jadeé en mi idioma natal olvidando el alemán ante la zozobra del momento. Pero sí creía que esto sería suficiente para lograr mi cometido estaba completamente equivocada. Mi corazón latía violento bajo mi pecho pero fue aún peor en cuanto mis ojos conectaron con esas orbes azules que quitaban el aliento. La respiración se atascó en mi garganta por lo que no pude volver a decir nada. — ¡Vamos! —incito el con voz masculina y oscura mientras el desastre sucedía a nuestro alrededor. Acto seguido mis pies seducidos por su demanda lo siguieron haciendo que corriera junto con él. Los gritos cada vez se hacían más fuertes aterrándome con cada paso que daba y aún corriendo de la mano de Dante mire hacia atrás de nosotros percibiendo todo lo que sucedía en ese momento y la angustia y el horror me golpeó desestabilizando mis sentidos y de no ser por él hubiera caído con estrépito al suelo en medio de mi aturdimiento. Los “hombres” que se habían colado en la tienda no podían ser simples “hombres” tenían que ser bestias. En cuando capturaban a un humano con sus filosísimos dientes cortado en su cuello creando ríos horroríficos de sangre por todo su paso, mostrándome una imagen absolutamente bizarra e inolvidable. Mi jadeo de angustia y temor pareció llamar la atención de uno de ellos pues dejó a su presa muerta sobre el suelo y clavó sus diabólicos ojos en mí. Sentí que temblaba aunque corría aún tomada de la muñeca por Dante el cual no me apretaba demasiado como para no hacerme daño, pero su agarre era firme. Fue entonces cuando el sujeto se limpió con el pulgar a la comisura de la boca la cual chorreaba sangre y me dio una sonrisa ladeada llena de maldad abrumadora que me hizo contener el aliento. Ni siquiera tuve tiempo de advertir a Dante pues éste se lanzó precipitadamente sobre mí haciéndome caer al suelo bajo su cuerpo. Sus dientes casi estuvieron sobre mi cuello para hacer lo que hizo con los demás, dejarme desangrada y moribunda sobre el suelo, no obstante, no llegó demasiado lejos pues alguien de manera sorpresiva le disparo en el rostro haciéndome gritar otra vez de terror. Mi corazón latía más rápido de lo normal a la vez que las lágrimas se mezclaban con mi maquillaje. Esta cosas se quedó paralizada y yo respiraba acelerada mientras mantenían mi mirada espantada sobre él, con la incertidumbre de que pronto pudiera hacerme daño, pero enseguida Dante me arrastró de su cuerpo haciéndolo caer con estrépito aunque para mi sorpresa no estaba muerto. Una vez más haciéndome jadear arremetió contra nosotros pero Dante logró patear a su boca a tiempo y esta cosa lo miró con los ojos cargados de furia voraz y salvaje. Mi salvador de anchos hombros sacó un arma de sus pantalones y le disparó un par de veces más dejándolo aturdido sin embargo tampoco lo mató, confirmando la teoría de que realmente no se trataban de seres humanos comúnes y corrientes, eran otra cosa. Algo peligroso que quería acabar con nosotros. — ¡Levántate rápido! —rugió él e hice lo que me dijo siguiendo su paso apresurado a la vez que esquivavamos los alimentos tirados sobre el suelo—. ¡Por allí no hay salida, vengan conmigo! —llamó la atención de otras personas que intentaban huir inútilmente ya que estabqn dirección a una salida clausurada. Algunos hicieron caso su llamada mientras que otros lo maldijeron al igual que a las bestias quienes nos atacaban entonces siguieron tratando estúpidamente de abrir la puerta sellada. Volví mi vista al frente trotando detrás de Dante quién parecía saber perfectamente dónde quedaba la salida mejor que nosotros quienes trabajábamos aquí. Me sentir terrible ante los gritos de dolor, miedo y súplicas. Tanto que no vi cuando él se detuvo y extendió su mano ocasionando que mi torso chocara con su fibroso brazo. Ni siquiera pude preguntar el porqué me había detenido pues automáticamente mis ojos se dirigieron al abismo frente a nosotros el cual crepitaba y ardía como un volcán en erupción.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR