Los hombres de la DEA continuaron disparando, tenían muy claro su objetivo: atrapar a Martín, era evidente porque no estaban tras sus hombres de seguridad, solo se enfocaban en seguirlo a él. Ángel, aunque estaba un poco adolorido, continuaba disparando, miraba de reojo a su alrededor y se percató de que en el carro había unas granadas, se arrastró hasta ellas y se las tiro a sus rivales, esto los dispersó un poco, así que aprovecharon para subirse a la camioneta y escapar de inmediato. Las autoridades hicieron lo mismo, se montaron en un carro para perseguirlos mientras intentaban dispararles a las llantas para obligarlos a detenerse. Por suerte, el conductor era muy hábil y logró escapar, llegaron hasta una de las casas de seguridad que Martín tenía, estaba ubicada en el norte de la Ciud

