Dicen que el amor nos vuelve esclavos, pero el rechazo, nos deja ver quiénes somos en realidad, y en rusia los corazones rotos abundaban, no solo Alek estaba haciendo sus movimientos impulsados por el rechazo de Dasha, pues si antes la queria para él como un último trofeo de lo que le quitaría a Lukyan, ahora solo la queria destruir, hacerle ver antes de morir que debió tomar su mano cuando se la ofreció y no seguir a su esposo a su fin, pero la pelinegra había agotado su escasa paciencia, mientras que Kattia desidia que era hora de mostrarle a todos que tan buena aprendiz de Morozova podía ser. — Debo reconocer que me sorprende un poco tu visita Kattia, ¿Cuánto tiempo paso desde la última vez que te pasaste por un café? — Nikola esperaba la visita de su nieta, o a lo sumo de Lukyan, a pe

