Realmente el sexo era un buen escape a cualquier situación de malestar, Dasha no lo negaría ni en mil años. — Te ves hermosa. — se acababa de duchar junto a su esposo, para ahorrar tiempo, pues sabían que los estaban esperando para desayunar, y no precisamente Alek y su esposa, sino Vladimir, desde ese día en adelante eran una familia. — Gracias. — le costaría acostumbrarse a la dulzura con la que Lukyan le hablaba, y a su rostro sereno pero cargado de poder y autoridad. — Toma esto antes de bajar. — ordeno al tiempo que le entregaba dos píldoras y un vaso de agua. — Me gustaría llevarte de luna de miel, o así se pasar todo un día contigo a solas, pero tengo unas reuniones que por más que desee no puedo posponer. — claro que no podía hacer tal cosa, no cuando era el jeque Khattab quien

