CAPÍTULO VEINTIDÓS Adeline se paró junto al c*****r del niño y se tragó los sollozos que amenazaban con vencerla. No era así como ella quería que terminara. Sin embargo, sus lágrimas reprimidas no fueron por la pérdida de vidas, sino por su pérdida de ingresos. El maldito sinvergüenza que había cobrado tres vidas de la banda de Dull Blade ahora estaba desapareciendo rápidamente con su reñido botín. “Lo traeremos de vuelta”, dijo Dull Blade, acercándose a ella mientras tres de sus hombres galopaban en la distancia, gritando salvajemente. “Y cuando lo hagamos, le abriremos la barriga y alimentaremos con sus entrañas a los buitres”. “Mientras aun esté con vida”. “Mientras esté con vida”. La tomó por los hombros y la giró para enfrentarlo. Ella escudriñó sus rasgos fuertes, la boca cruel

