CAPÍTULO VEINTICUATRO Adeline sabía que tenía que moverse rápido. Tres de ellos habían corrido tras el desconocido, pero dos más se quedaron detrás de la iglesia, ella pensó que tal vez ellos esperaban que ella escapara en la misma dirección que el desconocido. Dobló su camino hacia el otro lado de la iglesia, moviéndose con un paso fluido y suave. Se acercó detrás de ellos mientras avanzaban de manera constante y cuidadosa hacia la primera calle estrecha adyacente a donde había dejado al niño. El chico que Dull Blade había matado sin piedad. Un desperdicio. Le gustaba el chico, se había acostumbrado a su compañía mientras cabalgaban por las llanuras. Nada de esto fue su culpa y no merecía que su vida terminara de esa manera. Sin darse cuenta de su acercamiento, los dos merodeadores res

