—Deja de regañarme como si fuera un niño. —Es que jefe parece un niño siempre. —Quizás lo sea —comentó mientras rasgaba el sobre de azúcar, y bebía su taza de café. —¿Qué harás el resto de la tarde? —preguntó. —Tú tienes que ir a fisioterapia. Yo iré al gimnasio. —Irás a ver a ese chico ¿verdad? —Sí, iré a verlos —comento mientras le cerrará la puerta, y Leonardo subía con la ayuda de su chofer. —Es raro que usted esté en la casa de una mujer ¿Qué tal le fue señor? —preguntó Adrián con entusiasmo. —No pasó nada, yo me quedé dormido mientras roncaba, y ella me preparó el desayuno. Vuelve a trabajar con nosotros. —Es buena noticia. Olivia siempre fue calida con todos nosotros. —¿Qué estás insinuando? —Nada... Qué sería una buena esposa para usted. —Juan también me dic

