Por encima de mí, veo cómo rayas naranjas y rosas empiezan a romper el cielo de verano. Los sonidos de gritos y vítores resuenan por toda la feria, y las risas me saludan en cada esquina. Siento envidia de todos los que parecen divertirse. Me gustaría poder disfrutar yo también, pero la verdad es que algunas malas experiencias pueden quedarse contigo y manchar tus recuerdos con tanto n***o que olvidas qué colores solían pintarse debajo. Puede sonar tonto o dramático, pero los carnavales siempre me recordarán una vez que tenía trece años y estaba de excursión con el colegio. Estaba en la cola de la noria y cuando me tocó sentarme, el metal había chirriado en señal de protesta e hizo que la chica que estaba a mi lado se pusiera blanca de miedo. Me levanté inmediatamente, aunque el chico que

