Las manos de Hudson agarran la parte posterior de mis muslos y me levanta a lo largo de su cuerpo antes de apretarlo contra el mío, encajándolo entre él y la puerta de su despacho. Me sujeta con una mano en el culo y la otra en la nuca. Me devora con su beso. Se apodera de mí tan ferozmente que sé que nunca perteneceré a nadie más. Simplemente... me toma. La seda de su corbata resbala sobre mis palmas cuando la agarro para acercarlo más a mí. Levanto la cabeza para acercar mi boca a la suya. El beso se acelera hasta que soy incapaz de respirar. Nuestros labios se encuentran una y otra vez, como si tuviéramos miedo de parar. Pero Hudson acaba separándose y yo respiro hondo, jadeando tan fuerte como él. Nuestros ojos permanecen fijos y es tan intenso como el beso, si no más. —¿A qué ha ve

