¿Qué hijo de puta me está taladrando el cráneo con un martillo? —Basta—gimo sin dirigirme a nadie en particular y luego hago una mueca de dolor porque mi voz es tan condenadamente alta que me hace sonar el cerebro. Una ráfaga de dolor se dispara en mis sienes y me sobresalto tan repentinamente que ruedo accidentalmente fuera de la cama. El costado de mi cuerpo golpea el suelo y vuelvo a gemir, luego gimo porque ahora me duele todo. Creo que voy a quedarme aquí tumbada esperando la muerte. Parece un plan sólido. Me encanta cómo suena. No tengo que moverme ni ahora ni nunca. Y si estoy muerto entonces ya no podré sentir este dolor de cabeza. Así que realmente, es una victoria completa. Pero entonces suena el teléfono y el sonido es tan fuerte y estremecedor que chillo. Me llevo una mano

