Capítulo 8

1062 Palabras
El salón principal del hotel Emperador se encontraba lleno, las chicas escuchaban con atención y entusiasmo las palabras de Jorge, quien se encontraba en una especie de escenario donde habitualmente se ubicaba una banda de música para los shows que se ofrecían a los visitantes del hotel. ‒Nosotros conocemos las dificultades que suponen salir de casa, dejar la familia atrás, abandonar una pareja, buscar nuevos horizontes pero, asimismo, podemos garantizarles que podrán volver con la cabeza en alto y, como mínimo, con la posibilidad de invertir en un negocio o con la cuota para una vivienda propia. No se diga más, salud ‒dice Jorge alzando la copa. Las chicas aplauden entusiasmadas por las palabras de Jorge. En ese instante, entra una chica rubia visiblemente agitada. ‒Disculpe la demora, vengo para lo del viaje a España. ‒se disculpa ella tomándose una pausa para calmar su respiración agitada. ‒Llegas tarde -reprende Jorge de mala manera -ojo con eso, ve y te acomodas ‒le ordena. ‒¿Cómo que no faltaba ninguna? ‒preguntó en voz baja Alfredo a Jorge. ‒Disculpas Alfredo, pensé que estaban todas pero ya llegó la que faltaba ‒intentó disculparse Jorge con una sonrisa nerviosa. ‒Si no estará pendiente de los detalles avíseme a ver cómo hacemos ‒dijo William impaciente ‒No volverá a pasar señor ‒dijo Jorge bajando la mirada. Uno de los hombres llama a Hamilton para informarle sobre el allanamiento y le comenta que no pudo llevarse los papeles que los comprometían ‒Busque la manera de conseguir los papeles. En unas horas debo tomar un vuelo con estas chicas y los necesito ‒dijo Hamilton furioso. -No hay forma de entrar ‒le informó el hombre. Hamilton le comenta a Jorge sobre el allanamiento ‒Ahora ¿qué vamos a hacer? ¿Es muy difícil conseguir esos papeles? ¿Cómo van a viajar esas chicas? ‒preguntó preocupado Jorge entre susurros. ‒No lo sé, por lo pronto, informemos a Alfredo: él nos dirá qué hacer. ‒decidió Hamilton. Más tarde, ese mismo día, Hamilton se pone en contacto con Alfredo ‒Si doc, un allanamiento, el lugar está lleno de policías, no hay forma de entrar para recuperarlos. ‒informa Hamilton ‒Necesito que me responda o le juro que se va a arrepentir ‒amenaza Alfredo y corta la llamada furioso. Mientras tanto, la policía continuaba revisando todo tipo de documentos que se encontraban desparramados por todo el lugar. ‒Esa rata se escapó, recojan todo lo que les sea evidencia ‒ordena uno de los agentes que se encontraba junto a él. Las muchachas se encontraban almorzando y charlando animadas cuando Hamilton y Jorge entraron nuevamente al salón: ‒Chicas, les pido que me pongan atención un momento por favor ‒pidió Hamilton. Los ruidos cesaron de inmediato. ‒Debo informarles que ha surgido un imprevisto que va a alterar los planes que teníamos para viajar esta noche. ‒informó William. ‒¿Cómo que se van a alterar los planes para viajar? ‒preguntó Seleni extrañada. ‒No podremos viajar como teníamos planeado pero el vuelo se ha pospuesto para mañana y vamos a seguir con lo planeado pero pasaremos la noche aquí en el hotel y por supuesto que corre por cuenta de la agencia. ‒comentó William. ‒¿Y por qué se aplazó el viaje? ‒quiso saber otra de las muchachas. ‒El viaje se aplazó por problemas meteorológicos y los vuelos internacionales están suspendidos por problemas climáticos. ‒comentó William ‒Les pedimos que se queden tranquilas en los cuartos que la recepción les asigne ‒intervino Jorge sonriente. Las chicas les agradecieron y festejaron la perspectiva de pasar la noche en aquel lugar tan lujoso. Una vez terminada la reunión,William y Jorge se despiden de las chicas. En ese momento, suena el celular de William. Era Alfredo ‒Hay que tomar medidas preventivas. ‒dice William ‒Las chicas deben viajar a Panamá cuanto antes por orden de Fermín. Te pido que arregles las cosas lo más pronto posible. ‒ordenó Alfredo impaciente. ‒La orden es ir por tierra hasta Panamá. ‒dice William ‒¿Cuándo dura el viaje? ‒pregunta Alfredo. ‒El viaje hasta el puerto son dos horas y otras dos horas para llegar allí. ‒responde Hamilton. ‒Está bien ‒acepta Alfredo ‒Mira que el puerto es zona militar. ‒advierte Hamilton ‒No me importa si es zona militar o no. Eso se debe resolver cuanto antes. ‒ordenó Alfredo enojado -Pero… ‒comenzó a decir Hamilton ‒No quiero más problemas, mantengan a las chicas vigiladas para que las cosas no se salgan de control ‒ordena enojado Alfredo y corta la comunicación. Bogotá es una de las ciudades más grandes de Colombia y Frida jamás había estado allí antes: sus ojos recorrían cada tienda y edificio con asombro y un sentimiento de entusiasmo la embargaba al saber que se estaba acercando al departamento que Alfredo la había citado para el encuentro. Cinco minutos más tarde llega a un enorme edificio moderno y bien iluminado, la recibe un conserje quien la invita a entrar al departamento. Este está decorado con buen gusto, es espacioso, elegante y amoblado con muebles modernos. Sofía lo recorre todo con asombro y curiosidad, se dirige a la puerta principal, trata de abrirla y comprueba con extrañeza que está cerrada con llave. Al rato, llega Alfredo y Frida lo recibe con una sonrisa tímida, él la mira sonriendo a su vez y se abrazan. ‒Qué alegría tenerte en mis brazos, no puedo creer que estás aquí ‒dice él mientras la besa cálidamente en los labios. ‒Cómo has estado? ¿Cómo fue tu viaje? ‒preguntó mientras se sentaban en la cama de la habitación. ‒Me siento rara, nunca salí de México. Jamás hice algo así. Ahora quería salir a dar un paseo y la puerta estaba cerrada con llave. ‒comenta Frida extrañada Alfredo mueve la cabeza con fastidio. ‒Disculpa al conserje: es su manía de cerrar con llave las puertas. Estaba con tanto trabajo y tantas ganas de verte. ‒dice él ‒Lo importante es que estamos juntos, verdad? ‒dice ella tímidamente ‒Vamos a cenar ‒propone Alfredo. Frida acepta con una sonrisa.
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