— Maite, ¿dónde vas? – dice Mateo, Maite, la llama y ella se quedó paralizada cuando oyó su nombre.
— Vamos a la calle, iba a salir — dice desorientada, - perdida por el temor que siente por tener a su madre en el hospital -.
— Hermosa, yo te llevo en mi auto, ven vamos a las cocheras — Mateo oprime nuevamente el botón del ascensor, pero este está subiendo.
Vamos por las escaleras así llegamos más rápido, ambos bajan a la cochera, se suben al auto de Mateo y se van hacia el hospital.
Noah
Llega a la oficina y como es costumbre cada vez que aparece por el lugar, las nuevas empleadas quedan deslumbradas.
— Hola, buenos días — señoritas, saluda Noah.
— Buenos días, señor Natalino — responden las secretarias, Mercedes, que es la secretaria de Donato, se acerca a saludarlos.
— Muchachito, cuánto hace que no venías por aquí — dice ella.
— Si es verdad Mercedes, ya te extrañaba — responde muy dulcemente Noah.
— No te creo — sonríe Mercedes, anda que tu padre te espera, dice mientras Noah la abraza, ella siente mucho cariño por él, lo conoce desde pequeño y lo cuido cuando su madre estaba enferma.
— Permiso papá — Noah entra sin golpear.
— Hola Noah! — tanto tiempo sin verte, lo saludó uno de los gerentes de la empresa, que también siente mucho cariño por él.
Hola joven, un gusto
— Hola, Manuel, ¿Cómo estás? — dice Noah cordialmente.
— Bruno, encantado — dice al presentarse Bruno.
— ¿Cuándo te vamos a tener por acá trabajando? — pregunta Manuel
— Ya va a llegar el momento, aún soy joven, no papá.
— No, Noah, ya hace rato que deberías de estar acá trabajando, dice Donato molesto, hola, Bruno, ¿cómo estás?
Mercedes puede venir, llama por el comunicador a su secretaria.
Cuando ella llega le pide que llame a la señorita Johnson y dile que venga un segundo que necesite hablar con ella.
— Sí señor, Mercedes sale y va en busca de Maite y cuando pregunta por ella, le informan que salió con el señor Mateo.
Mercedes vuelve a la oficina del señor Donato, disculpe señor, la señorita Johnson salió con el señor Mateo.
— Está bien Mercedes, gracias, te puedes retirar.
— Bueno, papá me quedó un momento, pero si fueron dónde me imagino no creo que vengan rápido — dice sonriendo y mirando con picardía a su amigo.
— Noah, hijo, no seas mal pensado, si te digo que esta niña no es como las demás — dice Donato molesto.
— No, papá seguro — dice burlándose, luego se miran con Bruno y sonríen, seguro están en algún hotel disfrutando, le susurra Noah a Bruno.
— ¿Qué raro, no me informó nada? Seguro le preguntó a Renato, pero es raro, porque yo autorizo los permisos de las salidas — comenta dudando Donato.
En ese momento golpean y cuando dice pase Donato se pone contento pensando que es Maite, pero para su sorpresa es Renato.
— Hola, Noah, qué milagro tú, por la empresa — dice Renato sonriendo, hola muchacho, saluda a Bruno.
— Hola tío, ¿cómo estás?, si es raro, pero papá quería hablar conmigo y mientras habla es interrumpido por su padre.
— Bueno Renato, Noah puede venir, también es su empresa después de todo — dice Donato.
— Obviamente que siempre es bien recibido mi sobrino por acá en la empresa, que es de él, lo que pasa que como nunca aparece por acá, me sorprende — dice Renato.
Toma no los interrumpo más, necesito que me firmes estos papeles luego pasó o me los envías, fue un placer verte Noah y a ver cuándo nos visitas, que nos tienes olvidados a tu tía y a mí.
Joven, un gusto.
— Un placer — responde Bruno.
— Renato, ¿Sabes dónde fue Mateo? — pregunta Donato.
— No, ni sabía que había salido — responde su padre, lo necesitas, lo llamo, ¿por qué, pasó algo? Preguntó sorprendido.
— No solo que Noah quería saludarlo — responde Donato.
— No, en verdad no lo sé — responde Renato, pero espera que lo llamó, como Mateo apago el teléfono, suena, suena y nadie responde.
— No hay problema, tío, otro día lo veo — dice Noah.
— Luego le digo que te llame — dice Renato cordialmente.
En el hospital
Maite corre a la guardia y se encuentra con su padre y su hermano.
Todos giran y miran a Mateo.
— Buenas tardes, soy Mateo Gianelli, el jefe de Maite — se presenta y Marcos lo observa de mala manera y su padre le ofrece la mano muy cordialmente, mientras abraza a su pequeña.
— ¿Cómo está mamá? — pregunta Maite mientras se acurruca en los brazos de su padre, como una niña pequeña.
— Está mejor ahora mi amor, pero el médico dijo que ya la van a operar hoy en la tarde, que la están preparando — dice su padre mientras la abraza y besa su cabeza.
— Quiero verla antes de que la operen papá — dice Maite y se van junto con su padre a terapia intensiva.
Cuando tocan el timbre, el padre de Maite, le pide a la enfermera, si su hija puede ver a su madre antes de que la operen y la enfermera la deja pasar y Maite corre a la cama de su madre.
— Mamá — dice llorando, acá estoy, ¿cómo te sientes?
— Ahora mucho mejor hija, con los calmantes, estoy mejor mi amor, no llores, estoy bien hija, mírame, dice ella, mientras le acariciaba su mejilla y Maite le besa su mano.
— Señorita, debemos preparar a la paciente, necesito que la espere afuera, en un rato la verán pasar para ir al quirófano — dice la enfermera.
Maite sale y se va a los brazos de su padre a llorar.
— Tranquila, pequeña, tu mami es fuerte y va a superar todos los obstáculos, ya verás — responde su padre, - aunque por dentro tenga miedo a que algo salga mal -, pero debe darles aliento a sus hijos.
Mateo mira desde un costado hasta que se acerca.
— Disculpen, puedo colaborar con algo, necesitan ayuda, dice.
— Mateo, disculpa, me olvidé de ti, gracias por traerme rápido, pude ver a mi madre antes de que la operaran, gracias — dice Maite.
— Gracias muchacho por traer a mi hija y gracias por la ayuda, pero nos arreglamos — dice el papá de Maite.
— Por favor, si necesitan algo, no duden en decirme, por favor, quiero ayudar y quiero ver feliz a Maite — responde Mateo.
Marcos mira extraño a Mateo.
— Mateo, gracias por todo — dice Maite muy dulcemente, ve a descansar, que es tarde.
— No, Maite, quiero hacerte compañía mientras operan a tu madre, si no te molesta que te acompañe — dice Mateo, sorprendiendo a Maite, quien duda y no sabe qué responder.
— Está bien, no, no me molestas, es que no quiero molestarte a ti.
Mateo toma las manos de Maite y las besa, luego la mira a los ojos.
— Maite tú me interesas y nunca me molesta estar al lado tuyo acompañándote, al contrario, es un placer para mí estar contigo, más me hubiera gustado en otras circunstancias — dice Mateo.
Marcos mira la escena y codea a su padre y le hace señas para que mire y ambos se sorprenden por lo que ven.
En ese momento se abre la puerta de UCI y sale la camilla con la mamá de Maite que es trasladada al quirófano, luego de casi cinco horas de espera sale el médico para informar que la operación fue todo un éxito, logramos extirpar el tumor, ahora lo enviamos a analizar y luego les diré que tratamiento iniciamos.
Todos se abrazan felices, incluso Mateo.
Tanto Renato como Donato trataron de ubicarlo a ambos, pero ninguno respondía el teléfono.
Donato no quería creer en lo que su hijo pensaba, pero él era testigo de cómo Mateo trataba de seducirla, incluso fue él quien impidió que Maite viajará a Rusia con Mateo y eso le molestó mucho a Mateo que tenía planes de hacerla suya.