Isla recibió la notificación mientras estaba en el ascensor. No era una llamada. No era una amenaza. Era un documento. “Apertura de investigación disciplinaria — Colegio de Abogados de San Aurelio.” Lo leyó dos veces. No porque no entendiera. Porque no quería. Cuando las puertas se abrieron en el piso diecisiete, Isla ya estaba distinta. No asustada. Concentrada. Dante la miró. —¿Qué pasó? Isla dejó el bolso sobre la mesa. Sacó el teléfono. Se lo mostró. Dante leyó. Levantó la vista. —Esto es por mí. —Esto es por Helios —respondió ella—. Tú solo eres el instrumento. Silencio. —Eso puede costarte la licencia. —Puede. —Eso no es un riesgo aceptable. Isla lo miró. —No decidiste tú. Silencio. —¿Te arrepientes? —preguntó él. Isla pensó. —No. Eso lo desarmó más que
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