Elián se lanzó rápidamente a la pileta y logro sacarlo en el momento y el llanto del pequeño comenzó a sonar nuevamente.
Rhea se encontraba sentada en el suelo sin reaccionar por lo que había hecho.
—Nosotros fuimos los que te herimos, el pequeño, no ha hecho nada de malo— su madre tomo al pequeño entre sus brazos— Tú ganas, no regresaremos nuevamente.
Y Rhea observo como sus padres se marchaban y volvió en sí.
—¡Sí, márchense, eso es lo que mejor se les da! Pero esta vez no regresen, ojalá se mueran junto con ese malnacido- grito entre lágrimas.
Sus padres se retiraron junto al pequeño y Jan mientras Rhea continuaba sentada en el suelo. Al rato Elián se acercó y se sentó junto a ella.
—No me odies Elián— pidió mientras sus lágrimas caían incontrolablemente por su mejilla.
—Jamás lo haría. Te quiero Rhea y sé lo difícil que es para ti— Elián la rodeo en un abrazo.
—No puedo perdonarlos Elián, no puedo.
—Está bien, ya no te atormentes por eso.
Luego de unos minutos, ambos ingresaron en la casa.
—¿Dónde está el tío Jan?-indago Rhea.
—Fue a llevarlos de regreso— respondió en referencia a sus padres.
—De acuerdo.
—Te prepararé un té, así te sientes mejor— ofreció.
—Si, gracias.
Se sentaron en el sofá y comenzaron a mirar la tele para poder olvidar un poco lo que acababa de ocurrir. Al rato se quedaron dormidos.
Dos horas había pasado hasta que finalmente Rhea despertó para posteriormente levantar a Elián.
—Elián, despierta— dijo observando a su alrededor en búsqueda de Jan— ¡Elián!, el tío Jan aún no llega— aviso.
—¿Qué pasa?
—El tío ya tendría que estar aquí, ¿No crees?
—Si, no iba tan lejos. Buscaré arriba, tal vez este en su habitación.
Elián y Rhea se pusieron a buscar a su tío, pero no estaba por ningún lado.
Lo llamaron incansablemente, pero no hubo respuesta. Entre mensajes y más llamadas la medianoche había llegado.
La madrugada había arribado con los mismos intentos de comunicación, incluso se comunicaron con la estación policial, pero Jan no se encontraba allí y mucho menos había pasado por allí.
El televisor continuaba encendido, luego una noticia urgente interrumpió la programación.
“Un camión que transportaba acoplados arraso con un vehículo en el que cuatro personas perdieron la vida, entre ellos un pequeño de dos años, dos hombres de entre treinta a cuarenta años y una mujer de aproximadamente treinta y cinco años”
La mirada de Rhea se giró hacia el televisor y la noticia llamo su atención.
“El vehículo en cuestión es un vento n***o, el cual habría quedado completamente destrozado"
POV RHEA
VENTO n***o… Fueron las últimas palabras que retumbaron en mi mente antes de quedarme congelada.
Mi tío Jan, tiene un vento n***o y se habían ido en su vehículo. Todo coincidía con ellos.
Millones de pensamientos se me cruzaron por la cabeza. A lo lejos oí la voz llorosa de Elián.
—Rhea reacciona por favor— pidió con sus palabras entrecortadas.
—Nuestros padres y Jan… Elian, no son ellos, ¿verdad?. Solo es una coincidencia.
Elián se quedó en silencio por unos momentos y una vez que pudo calmar temporalmente su llanto, las palabras que no quería oír, salieron de su boca.
—El agente Amery ha llamado. Son ellos.
No sabía qué hacer, ni cómo reaccionar. ¡Todo era mi culpa! Abrace a Elián muy fuerte y caímos al suelo, llorando hasta que finalmente el cansancio nos ganó y nuestros ojos rojizos se cerraron.
Al otro día nos levantamos y aún no podíamos aceptar lo que había ocurrido. Estábamos completamente solos…
—Todo es mi culpa Elián, por mi culpa murieron, por mi culpa ya no están— las lágrimas comenzaron a caer nuevamente por mi mejilla.
—Nada de esto Rhea y escúchame bien, nada de esto es tu culpa, solo fue un accidente ¿Entiendes?
Pero no hacía más que llorar incontrolablemente y ¿Qué más hacer, si la culpa me carcomía por dentro?
La casa se sentía más vacía de lo que ya estaba.
El único familiar que nos quedaba, se encontraba en la puerta de nuestro hogar, el abuelo Bell. No teníamos a más nadie, no tíos, primos, ni nada, solo éramos nosotros tres.
—Abuelo, pasa— dije recibiéndolo con un abrazo mientras forzaba una sonrisa.
—Mis niños, ¿Cómo están?— él correspondió el abrazo.
—¡Abuelo!— Elián lo rodeo fuertemente con sus brazos.
Podía notar que tanto mis ojos como los de Elián estaban hinchados y rojizos de tanto llorar.
—Abuelo, lo siento— dije en una sincera disculpa.
—Rhea, no te culpes, porque no ocurrió debido a ti, ni era algo que podías controlar ¿Está bien?, no es culpa de nadie. En una hora será el funeral y deben ir, luego hablaremos de lo que pasara con ustedes. Rhea ve a buscar tu vehículo que está en la Academia.
—¿Estuvo allí todo este tiempo?
—Si, pero luego hablaremos. Ahora ve a buscar el vehículo y diríjanse al velorio. Luego los veo— se despidió.
—De acuerdo, nos vemos en un rato.
Nos despedimos del abuelo.
—Elián, ¿Podrías hacerme el favor de llevarme hasta la Academia?
—Claro, no es problema.
Fuimos hasta la Academia, me despedí de Elián y le dije que luego iría. Entre y comencé a recorrer el lugar, me tenía que encariñar con él, ya que cumpliría con lo que mi tío Jan quería, que eso asistir a la Academia.
¡Valla! , sí que era enorme este lugar.
No podía salir de mi asombro, el lugar equivalía a una cuadra entera.
Desde la calle hasta la puerta principal había un espacio que ni loca recorrería caminando.
Dos guardias ubicados a ambos lados de la entrada, abrieron las compuertas para poder llegar hacia la principal.
Aun lado de la puerta había un pequeño mapa del lugar y explicaba su infraestructura.
"La Academia se extiende sobre 72.000 m2 de superficie cubierta distribuidos en 7 pisos, divididos en cuatro pabellones agrupados por sectores, AB y CD, que se unen por tres pabellones centrales más (E, H y F) de tres pisos que se comunican con la parte posterior desde los primeros pisos y Planta Baja."
No entendía mucho de lo que acaba de leer pero significaba que realmente era enorme y lo volvían una de las Academias más grandes del país.
Veía como las internas corrían de acá para divirtiéndose. La verdad no se veía tan mal, pero tenía que tener algo de malo. Sonreí al ver como jugaban, no creí que fuera tan malo después de todo. Me quede un rato mirándolas hasta que sentí un empujón en mi hombro que me hizo caer hacia el suelo.
—Idiota, ¿Por qué no te fijas por dónde vas?
—Realmente lo siento, déjame ayudarte-dijo extendiéndome su mano-
—Olvídalo, yo puedo sola, procura desaparecer de mi vista— advertí mientras me levantaba.
Un joven tal vez unos años más que yo se encontraba de pie frente a mí, con el uniforme reglamentario que utilizaba el personal de la Academia.
—Realmente lo siento— se disculpó nuevamente en tono bajo.
—Ya te oí la primera vez.
—Soy Theo— señalo la etiqueta que mostraba su nombre y puesto en la Academia— Trabajo aquí.
-No me interesa quien eres- respondí con molestia.
-Dije que lo sentía- se molestó también.
-Y yo he dicho que te había oído la primera vez. ¿Debo pedirte nuevamente que desaparezcas de mi vista?
-Descuida, no seguiré perdiendo mi tiempo hablando con alguien como tú.
-¿Alguien como yo?- forme una sonrisa sobradora- No sabes quién soy y no querrás saberlo tampoco.
-No me interesa quien eres.
-De igual te lo diré. Soy Rhea Bell, nieta del Señor Bell, dueño de toda esta locación y tú no eres más que un simple empleado del montón que puedo hacer desaparecer ahora si quiero.
-¿Rhea Bell?
-Si, ¿Qué no escuchas?
-Ahora entiendo- sonrió con ironía.
-¿Qué es lo que entiendes?
-Oh, lo siento. Estaba pensando en otra cosa.
-¿Estabas pensando en donde buscar un nuevo empleo?- me burle.
-Si, como diga, su realeza- respondió con ironía.
-Imbécil.
Continúe con mi camino en búsqueda de mi vehículo para posteriormente dirigirme al funeral.
Al llegar se encontraba el abuelo, compañeros agentes de la estación policial en la que trabajaba Jan y amigos de mis padres.
Todos comenzaron a decir uno por uno palabras para los fallecidos. Paso Elián, el abuelo, un compañero de Jan, un amigo de mis padres y faltaba yo, pero no merecían mis palabras, de igual forma, ¿Qué podía decir?
-Rhea, debes decir unas palabras- pidió el abuelo Bell.
-¿Es una broma?
-Por favor- pidió nuevamente.
-¿Hablan en serio?
-Por favor Rhea, solo faltas tú.
-No me hagan responsable de las consecuencias después- advertí.
Me subí al estrado y me aseguré de que todos oyeran lo que tenía para decir.
POV GALEN
No podía creer lo que había escuchado. El accidente de los Bell. Maneje rápido hacia el internado para comprobar si lo que pensaba era cierto. Al llegar me crucé con Theo.
-¿Qué haces aquí?- indago al verme.
-¿Dónde está el Señor Bell?
-Fue al velorio de su familia. Rhea ha venido a la Academia.
-¿Rhea?
Asintió.
-Es increíble lo habilidosa que es para amenazar a las personas.
-¿Te ha amenazado?
-Nada grave, no te preocupes.
-Bien. Por cierto, ¿sabes de alguien que sepa dónde queda el lugar del funeral?
-Tal vez Jay lo sepa, creo que se encuentra en la oficina.
-Bien, gracias Theo. Te veo mañana.
Fui en búsqueda de Jay, el vicedirector de la Academia y le pedí que me diera la dirección.
En cuanto tenía la dirección del lugar, me dirigí hacia allí.
Cuando llegue, observe que Rhea estaba en el estrado e imagine que diría unas palabras.
POV RHEA
Me dirigí hacia el estrado y me acomodé frente a los presentes.
Tome el micrófono y las palabras más dolientes salieron de mi boca.
-Les voy a contar una historia. Hace dos años, éramos una familia feliz. Nos divertíamos juntos, hacíamos prácticamente todo en conjunto. Pero meses después, se volvieron unos alcohólicos y a la semana siguiente, toda la familia estaba destruida. Posteriormente se fueron, ¡¡¡NOS ABANDONARON, Elián!!! Y me dejaron a cargo de Jan y ¿adivinen que? ¡También me ha abandonado!
Todos los presentes se encontraban boca abierta, sobre todo el abuelo y Elián.
No es mi culpa, dicen que el que avisa no traiciona.
-Bien merecido tienen de estar en ese cajón. ¿Esperaban a que hablara acerca de lo amorosos que eran? Si se marcharon sin decir nada y aun así fueron tan descarados y trajeron al mundo a otro niño habiendo abandonado a dos- una carcajada hizo eco por todo el lugar- ¿No es gracioso?- un incómodo silencio prevalecía en el lugar- Vamos, estoy depositando toda mi honestidad, solo que no están dispuestos a aceptar.
-¡Suficiente!- se oyó la voz del abuelo Bell- Suficiente Rhea, regresa a casa.
Forme una sonrisa irónica y tire con fuerza el micrófono hacia el suelo.
Salí de allí, sin rumbo fijo y las lágrimas comenzaron a caer por mi mejilla.